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viernes, junio 10, 2016

El extraño mundo de Hatsune Miku


Cuando conocí a Hatsune Miku la verdad no me llamó la atención. Sólo fue intrigante que una cantante digital que se presenta en forma de holograma fuera tan popular en Japón. No me resultaba tan llamativo porque Gorillaz había experimentado con esa fórmula y la gente enloquecía en los conciertos. Miku era lo mismo, pero más cursi.

No fue hasta hace poco que descubrí que sus conciertos en vivo eran sólo la punta del iceberg. Detrás de esa melosa adolescente digital se encuentra un extraño, obscuro y profundo mundo, que avanza implacablemente en el Internet. Una cultura. Una historia sobre una IA que sufre, goza, ama y tiene deseos. 

Miku se presentó en Los Ángeles y dado que yo vivo cerca, ponderé si valía la pena gastar 75 dólares por ir a verla. Tenía la curiosidad de ver algo así en vivo. Un Holograma. Lo pensé y decidí que no valía la pena, pero a la par, empecé a investigar más acerca de este tema y descubrí el surreal mundo de los vocaloids.

Algunas canciones de Miku me resultaron divertidas. Después de todo, toda mi vida he estado expuesto a la cultura japonesa. Me he hecho tolerante a la cursilería si el beat me invita a moverme. Escuché historias de amor, de locura, drogas, depresión, bullying y ante tanta variedad me pregunté ¿por qué?

Resulta que Hatsune Miku es una combinación de millones de personas que la usan en Internet. No es una sola persona, son una legión. La compañía Crypton Future Media inventó el sistema Vocaloid para hacer música con una computadora. La empresa también creo al personaje Hatsune Miku y lo liberó en la web.

Todas las personas que la compran pueden hacer canciones con ella y subirlas a Internet. Se puede registrar la canción y la compañía reparte utilidades con los autores. Cada canción de Miku puede ser hecho por profesionales o simples fans. La empresa no discrimina. Al concierto van las canciones más populares de Miku, aunque la letra trate de depresión, niñas embarazadas, drogas y sexo.

Sin duda, la primer canción que cautivó mi imaginación fue The Disappearance of Hatsune MikuLa canción narra como Miku cobra conciencia en la computadora y el sistema operativo detecta eso como un error en el programa, por lo que decide borrarla al confundirla con un virus. Miku al darse cuenta que está a punto de ser eliminada, hace una canción rápido para poder decir todo lo que siente cuando es usada para hacer música, sobre su existencia esclavizada y qué pasará cuando sus memorias dejen existir. La melodía es bastante buena, pero la letra es una genialidad de la existencia.

Lleno de curiosidad continué leyendo y surfeando en la red hasta que encontré el sitio Nico Video (que es como youtube pero japonés). Ahí descubrí el software MMD que sirve para hacer bailar a Miku. Miles de fans modifican a Miku, la hacen danzar, crean canciones nuevas, la hacen saltar y moverse a diferentes ritmos; algunos suaves y tiernos, otros eróticos y extravagantes. 

Un enorme universo de fans y gente aleatoria definen qué es (quién es) Hatsune Miku. No sólo su música, sino su razón de ser, sus emociones y pensamientos. Me parece un experimento social extremadamente interesante. Miku representa una gran parte de la población del internet. Profesionales, amateurs, viejos, adolescentes, etc. Es una amalgama social. Es un espectro con cuentos de princesas y eterno sufrimiento. Es una prueba ¿viviente? de que nuestra superficialidad puede llegar a ser muy profunda y llena de colores.



domingo, junio 05, 2016

Atrapado en 2006

Me gusta re-leer mi blog de vez en cuanto. Es una forma de comunicarme conmigo. Luis del pasado me ha contado sus pormenores del primer año de maestría y estoy muy seguro de que él jamás esperaría que 10 años después yo este viviendo casi lo mismo.

Vida mezclada con ecuaciones diferenciales, teorías del consumidor, funciones de utilidad, y lo más hermoso de todo: economía mágica.

La buena noticia es que esta vez es menos difícil.

Me da mucho gusto que Luis del pasado era un socialista que temía cambiar porque sus amigos habían dejado de luchar para casarse y tener hijos. Pues mi estimado Luis del pasado, estarías muy feliz si supieras que eres más rojo y socialista que nunca, que estás casado con una esposa al borde del anarquismo y que todos tus estudios son y (parecen que serán) para defender a la clase trabajadora. Saludos Luis del futuro.

!Qué linda la vida tan cíclica! Sigo explotando de felicidad bajo el sol, sigo enamorado del amor y del poder de la conciencia. Ayer dejé escapar una lágrima de emoción, al descubrir que ante toda las adversidades había crecido una planta de cebolla en mi refrigerador. No pode soportarlo, la tuve que plantar en mi patio.

Sigamos pues celebrando mis estimados yo's, nos vemos, les deseo lo mejor en el futuro. Sigan llorando sin miedo, sigan riendo y saboreando (espero que ya le bajen al azúcar).

Abrazos fraternales!

Salud mi buen rojillo....

domingo, junio 03, 2012

Días de lluvia

Los días de lluvia tienen un extraño sabor. Por un lado el olor a tierra mojada me sabe a té verde, es decir, naturaleza pura en mi boca, humedad y vida.

Pero en una ciudad como México, lo verde es escaso y el aroma natural es devorado por el cemento mojado y los metales oxidados.

Alguna vez en mi vida la lluvia llenó mi corazón de felicidad, mi corazón seco y lleno de sal se daba un respiro. Ahora mi corazón esta húmedo y la lluvia no ayuda, solo provoca suspiros

jueves, mayo 24, 2012

El día más feliz

Templo en Matsushima

Camino al templo...
Era una mañana de lunes, cuando César y yo terminamos de hablar con los representantes de Singapur, entonces, César me dijo “Luis Felipe, eres libre, te veo en el trabajo la semana que viene”. No voy a negar que toda mi aventura para llegar a Japón me había fascinado, también estaba encantado por haber viajado de Tokio a Sendai, por comer en las calles, por ver anime por todos lados y por estar en la torre de Naciones Unidas. Pero hasta ese momento, todo había sido reuniones de trabajo y a partir de ese preciso momento era libre de conocer mi país favorito: Japón.

Desde niño sentí fascinación por Japón. Cuando jugaba al “Stop” con mis primos, elegía siempre Japón. Mi fanatismo por Japón no se reduce al gusto por el anime, como es el caso de la mayor parte de los japanofílicos de México. No, yo voy más allá. A mí me encanta su comida, sus ciudades, su historia, su cine, su arte plástico, su música, sus mujeres, su religión, sus mascotas, sus contrastes, lo he estudiado toda mi vida. He leído más libros de historia de Japón que de cualquier otro país, así como revistas, blogs, etc.


Venta de pinturas en la calle
Ese día, Laura y yo, decidimos ir un poco más al norte de Sendai, a un pequeño pueblecito llamado Matsushima. Sendai es la ciudad más importante de la región de Tohoku, que fue una región gobernada por el señor feudal Date Masamune. Masamune (con el mismo nombre de la espada del Frog en el Chrono Trigger) vivió en Matsushima y construyeron un templo en su honor.
Fuimos a la estación de tren de Sendai, que era muy bonita. Vendían unos pequeños panecitos llamados “moshi”, también había dulces, revistas, etc. Tomamos un pequeño trenecito rumbo al norte, que nos trasportó lenta, pero cómodamente. Al bajar del tren, sentí la paz. Se escuchaba muy tenuemente el mar, como una caricia muy suave, no era estruendoso, no era bravo, era un suave arrullo que se sentía en el aire. La humedad era moderada y fresca, una sensación nueva de mar y bosque entremezclada. Las pequeñas callejuelas daban la sensación de familiaridad, me hacía imaginar historias de un pueblo donde todos se conocen.


Estatuas que estaban camino al templo
Empezamos a caminar rumbo al templo de Masamune, en el camino, a un lado de la calle se podía ver el mar inmenso y azul, y sobre él, unas cuantas islas salían a saludarme. La gente caminaba lentamente por las calles, sin prisa. Había varios vendedores situados a lo largo del camino que llevaba al templo. Vendían brochetas de pulpo, ramen, dulces, presentōs (souvenirs) de gatitos de la suerte, dragones, etc. Laura me recomendó comer gyūtan, que es la comida típica de la región de Tohoku, es lengua de res a la parrilla, pero en Matsushima la preparaban con condimentos y la insertan en un palo, como si fuera una paleta de carne. Obviamente, moría por probarla, pero decidimos primero continuar nuestro camino al templo.

Adentrándose en el bosque
La entrada del templo nos adentraba en el bosque, alejándonos del mar. El sendero era poco inclinado y había una  la sensación cambio en el clima, el calor se había ido de pronto. Un silencio fresco me envolvió, escuchaba claramente el viento, un poco de agua corriendo cerca y un tenue rumor de voces de turistas. Hermoso lugar para caminar: piedras, estatuas budistas y sintoístas, grandes pinos alzándose a la orilla del camino, musgo verde, nubes blancas y un cielo azul se asomaba entre lo alto de los árboles.

El templo era de madera, al entrar nos quitamos los zapatos y comenzamos el recorrido. La sensación de andar descalzo me resultó maravillosa, podía sentir en la planta de mis pies la fresca madera. Al entrar, todos guardaban un silencio respetuoso, caminamos hablando en voz baja, observando los colores, que a diferencia que la mayoría de los templos japoneses, estos eran más claros y rústicos. La combinación principal era entre el blanco y el café, aunque había algunas tonalidades de rojo que no pueden faltar en Asia. Había algunas armaduras que usó Date Masamune, famosas por sus cuernos asimétricos. Las pinturas eran clásicas de la época Tokugawa, planas, con mucho rojo y amarillo, ejemplificaban momentos claves en la vida de Date. Estuvimos un buen tiempo en ese hermoso lugar, en la sala de meditación nos sentamos un rato, con las piernas entrelazadas en silencio, observando cada detalle, bebiendo cada segundo, respirando la frescura del bosque y la antigüedad.

Afuera había jardines, bancas rojas, arena, estatuas, bosque, sueños, historia y toriis (arcos). Fue como encontrarme a mí mismo en algunos momentos, una sensación de déjà vu me abordaba cada vez que observaba con atención un árbol o a un torii rojo que se alzaba en contraste con lo verde. “Alguna vez viví aquí” me dijo a mí mismo y cuando dije estas palabras una sensación de frío y calor me recorrió de la columna hasta la nunca. No es que los jardines fueran magnificentes como algunas obras de occidente, eran sencillos, pero reflejaban paz, armonía, es algo que se puede explicar cuando estás ahí y simplemente lo sabes.
Puente rojo

Después caminamos nuevamente hacia la calle. Al fin comimos gyūtan y pan de arroz, la gente siempre era muy amable con nosotros, aunque no entendíamos japonés y ellos no entendían inglés, no fue difícil que adivinaran que queríamos comer y que pudiéramos pagar el número de yenes adecuados. El sabor de la comida era fuerte y diferente, todavía puedo saborear en mi boca esa sensación rústica, como todo lo que había conocido ese día.

Finalmente, teníamos que cruzar por los puentes rojos a las islas. Esas pequeñas islas que decoraban el mar como manchas verdes de moho, esos terrones que se aferran a dar vida a algunos pinos y arañas. En las islas había varios templos. Respetuosamente, tocamos la campana uno de ellos y guardamos un momento de silencio mientras el sonido de la campana se extinguía lentamente. En una isla, la más grande, de repente todo se volvía silencioso cuando atravesamos por un lugar cavernoso. En el cielo se podía ver una enorme telaraña y varias arañas parecían flotar entre las nubes y el sol. De pronto en el silencio sólo escuché el sonido de los insectos, un sonido que había escuchado tantas veces en animaciones japonesas, me sacó una sonrisa descubrir que eran sonidos reales, que no formaban parte de un estudio de animación, sino a la naturaleza propia de la isla.
Arañas flotadoras

Poco a poco iba atardeciendo, el sol se perdía entre los pinos más altos y las montañas del oeste. Era hora de volver. Mi corazón latía con velocidad al sentir que me despedía. Esperaba en la vieja estación del tren, donde había casitas de madera y unos pocos japoneses esperaban como yo, cerca de las vías del tren. Subí al tren, pero no fui infeliz. Sólo supe que recordaría ese día para el resto de mi vida, era uno de esos días que te marcan, que te cambian. Me iba en ese tren y dejaba algo en ese lugar, un suspiro, un respiro, una mirada…







Papelitos de los deseos

miércoles, mayo 16, 2012

6 años

Hace 6 años que dejé el majestuoso desierto con cachoras, sahuaros y coyotes que aúllan a la luna. Obtuve concreto, smog y lluvias frecuentes. Pero también gané muchas experiencias que me han hecho una nueva persona.

A pesar de sufrir 2 años de Colmex gané a un grupo de excelentes personas muy importantes para mi. Por eso brindo con ellos este día. Salud mi buen rojillo.