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jueves, agosto 30, 2012

Mexican Frenzy: Ataque aéreo


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Me había quedado dormido y Laura dormía a mi lado acurrucada en posición fetal. Yo yacía bocarriba, el cansancio me había vencido y me dormí sin acomodarme. Cuando abrí los ojos, de nuevo me saludó el techo de mal gusto. Todos los demás estaban despiertos.

— Sabemos que se trasmite rápidamente si hay intercambio de fluidos — dijo el dogo. — Ósea que si me cojo un zombie me transformo — se burló el Gera. — No seas mamón — continuó el dogo — pero sí, si tienes relaciones sexuales, deberías de transformarte en chinga por lo que hemos visto. Pero también puede ser que el virus sea aéreo. — Pero si es así todos nos vamos a transformar eventualmente — dijo el Mireles en voz baja, su buen humor, había desaparecido. — No — interrumpió el Mike — Yo creo que el Rudo tenía una herida abierta y le cayó sangre o algo, por eso se transformó. — Puede ser — consintió el dogo. El Mireles sonrió — Eso me haría un parote.

Era posible. El rasguño en sí no había transformado al Rudo, porque en un inicio no hubo intercambio de ningún fluido. — Otra opción es que sea algo mágico — las palabras salieron de mi subconsciente, sin que las pensara primero. — No mames — renegó el dogo — ¿Lo dices en serio?, — Sí ¿por qué no? — Reviré. —jajajajajajaja — se empezó a reír el Mike y él.  —Bueno, es una posibilidad, no sabemos nada ¿no?  — los interrumpió la Neni. — Gracias — le contesté.

— ¿Qué vamos a hacer ahora? — preguntó la Neni. — Yo digo que en honor al Rudo, vayamos a la azotea a buscar el helicóptero, ¿si se acuerdan ese vato estaba aferrado? — bromeó el Gera. — Chingado Gera — dijo el Mike con una sonrisa en su cara — Nunca dices nada en serio cabrón. — Hay que seguir con el plan del dogo — dije poniéndome de pie. — ¿Qué plan? — Me preguntó Laura. Le ayudé a incorporarse y le contesté: — Ir a buscar las llaves de un carro y salir de la torre, después, hay que huir de la ciudad y luego a las islas. — ¿Siguen con eso? — Liz estaba escéptica y nos veía a todos con mala cara, había perdido sus zapatos por lo que se veía de más baja estatura de lo normal, ya que siempre llevaba zapatos de tacón. A ella nunca le pareció buena idea ir a las islas, se le hacía fantasioso pensar en eso. Quizá tenía razón, muchos años mis amigos y yo fantaseamos sobre cómo escapar de un ataque de zombies, pero la realidad es que no se podía planear nada a largo plazo. La situación era desesperada y sólo se podía luchar por continuar con vida, sin esperar mucho del futuro — Con que salgamos del edificio, luego planeamos lo que siga — dije con voz firme.

Caí en cuenta de que no había silencio absoluto, extraños ruidos provenían del techo, como si se arrastrada alguien rápido y toscamente por los plafones cerca de donde estábamos nosotros. Ese maldito techo, desde hacía tiempo tenía un mal presentimiento acerca de él. Todos miraban hacia arriba, captaron que algo anormal estaba ocurriendo. — ¿Qué fue eso? — preguntó susurrando la Denis. — Shhh… — silenció el Gera, llevándose el índice a la boca. Se escuchaba más cerca, como un costal de harina siendo pateado. — No mames — dije. — ¿Es posible…? — Era una pregunta retórica. Con un ruido que nos hizo saltar a todos… se rompieron los plafones y cayeron cuatro muertos vivientes sobre nosotros escupiendo sangre. Esquivando hábilmente, todos escapamos a las esquinas de la gran habitación. Nuestros reflejos habían mejorado en el último día y medio de sufrimiento y terror.

En el centro, pude reconocer al zombie que se mostraba más agresivos de todos, se arrastraba en el suelo con un ahínco descomunal y lanzando mordidas a nuestros pies: era el Rudo.

martes, agosto 28, 2012

Mexican Frenzy: Desesperanza



—¡A la madre, qué chingón! — dijo el Mike con una sonrisa cuando nos asomamos por el plafón. Rápidamente él y el Mireles acercaron una mesa para que pudiéramos bajar. Ellos estaban en una sala de conferencia. Era más grande que la oficina en donde nos habíamos quedado nosotros, pero igual, no tenía ninguna ventana por la cual escapar. En el salón estaban: El Mike, La Neni, Liz y el Mireles. Cuando bajamos el Mireles dijo — ¿Y el morro de lentes? ¿El Rudo? — El dogo intentó contestarle, pero su voz salió temblorosa — El Rudo... — no era necesario terminar, el Mireles entendió y movió lentamente su cabeza.

—¿Qué pasó? — preguntó la Neni. — Se convirtió en zombie después de tantas horas, el rasguño de su pierna si lo contagió, no sabemos por qué — explicó el Dogo. La Neni abrió mucho los ojos y apretó el brazo del Mike con fuerza… — ¿Qué pedo, qué pasa? — Le pregunté. El Mike volteó a ver al Mireles, se veía tristeza en su cara, después me volteo a ver a mí y los demás, dejó su mirada fija en un punto de la pared… — ¿Qué? — interrumpió el Gera. — El Mike soltó la verdad de golpe: — Al Mireles lo rasguñó un zombie en el brazo.

Todos guardamos silencio. Mireles levantó la cabeza, tenía el rostro desencajado, quería hablar pero las palabras simplemente no podían surgir de su boca. El Gera se acercó y  puso su mano en su hombro — Tranquilo wey. Vamos a ver cómo evoluciona. — Sí — prosiguió el Mike — A lo mejor no siempre funciona igual esta infección rara o lo que sea. — Además, todavía falta que salgamos que de aquí y quizá haya gente trabajando en crear alguna vacuna — continué yo para animarlo. — ¡Mungs!, eso no sucede nunca, las vacunas jamás funcionan — remató el Mireles. — Ya cálmense — intervino Liz. — Espero que estés bien, no te preocupes, aquí vamos a estar contigo Mireles —todos asentimos en silencio.

Mireles se había desesperado un poco con los comentarios, pero después se relajó. Se sentó en una esquina con la mirada perdida. Sergio Mireles había contribuido mucho a que estuviéramos vivos y tan sólo pensar en que pudiera correr la misma suerte que el Rudo…

Me recosté en el piso meditando. Me pregunté en silencio, por primera vez, qué estaba pasando. ¿Sería una infección como decía el Mike? ¿Sería una maldición, una especie de magia de sangre o acaso obra de necromancia? ¿Por qué había ocurrido en ese momento? No había respuestas. Miré hacia arriba con atención: El techo no me podía decir nada. Sólo era un techo extraño, blanco con acabados plata, era feo y de mal gusto. — Bueno, si estamos cansados y estresados no vamos a lograr nada. — dijo Mireles con voz baja. Nadie contestó, pero el comentario fue tomado como propuesta. Todos se sentaron en el suelo en silencio, cada uno con un universo en su cabeza. Pude ver en sus miradas que se hacían las mismas preguntas que yo. Todos se veían devastados. Por primera vez sentí tristeza y ganas de llorar.

miércoles, agosto 22, 2012

Mexican Frenzy: Recuerdos



Fue un verano poco lluvioso en la ciudad de México. Nos reunimos varios amigos de Hermosillo y del DF para ir a un concierto, días después, en un bar la pesadilla comenzó. Lo que parecía una velada normal en la Condesa, terminó convirtiéndose en una catástrofe que nos fue arrastrando lentamente en la desesperación, la sangre y la muerte.

¡Zombies! Por todas partes, en la calle, en los techos, en los automóviles, en cualquier rincón la muerte había decido venir y cobrarse con los vivos. Emprendimos nuestra huida, no sin antes golpear y volver a matar muertos vivientes que nos asediaban buscando un trozo de nuestra carne. Hicimos planes para escapar de la ciudad más densamente poblada del mundo, pero las cosas salieron mal. Primero decidimos parar en un supermercado para conseguir provisiones y armas, fuimos atacados pero nadie resultó gravemente herido.

Cuando teníamos un plan, se volcó nuestra camioneta en la calle Reforma y no nos quedó más remedio de correr para sobrevivir. Con algunas armas rudimentarias nos volvimos expertos en matar  lo que ya se supone que debería de estar muerto. Tuvimos que correr con todas nuestras fuerzas, el cansancio era abrumador, pero la adrenalina nos mantuvo vivos. Logramos entrar a la torre mayor después de un gran esfuerzo. Diego heroicamente ayudó a Nacho, no obstante, antes de alcanzar refugio fue mordido en una pierna. Se convirtió y Liz tuvo que matarlo.

La acción traumatizante quedó bien grabada en nuestros corazones. Algunos rieron, otros callaron y después no volvimos a tocar el tema, pero no lo olvidamos, ninguno de nosotros pudó hacerlo. Entramos a la torre mayor y tuvimos por fin un momento de paz. Cuando parecía haber esperanza, Nacho desapareció misteriosamente, no sin antes cometer un descuido grave: dejar la puerta del edificio abierta de par en par.

Acorralados, escapamos y el grupo se dividió. Mi grupo se encerró en una oficina de la torre mayor, para evitar ser devorados.

En esa pequeña oficina, tuvimos otra gran pérdida. El Rudo, que había soportado la travesía con una pierna herida por un rasguño, finalmente se había transformado. Ninguno de nosotros sabe qué fue lo qué paso. ¿Por qué después de tantas horas el Rudo se había convertido en zombie? Sobrevivimos a su ataque, pero tampoco logramos matarlo nuevamente. Escapamos subiendo por los plafones de las oficinas y dejamos atrás a lo que fue un buen amigo. Después de movernos acalorados y cansados por el techo, encontramos al resto del grupo y nuevamente estamos todos juntos.

Mike, Neni, Mireles, Laura, Dogo, Liz, Gera y yo.

Llegó la hora de seguir y vencer a la muerte antes de que nos consuma… 

miércoles, julio 11, 2012

El círculo del terror | parte 1


Nos juntamos en mi casa de México a pistear. Ya cuando eran las 12 de la madrugada, mucha gente se empezó a ir por que tenían que trabajar el otro día. ― Así son los martes 13 ― dijo Rodolfo. Era la típica peda, donde la raza que quedaba, ya estaba empezando a filosofar; algunos seguían hablando de las elecciones, que Peña Nieto está bien pendejo, qué hubo fraude, que hay que respetar al IFE, etc.

Los siete grandes que seguíamos en pie de lucha, es decir, con ganas de pistear “como si no hubiera mañana” éramos, el Dogo, el Gera, el Mike, el Rudo, la Diega, el Mireles y yo. Entonces se me ocurrió la idea “friki” de hacer un rito de invocación.  ― Déjate de mamadas, pinche payaso ― dijo el Diego, como era su costumbre de protestar ante todo. ― No, fuera de onda, está curado este rollo, miren, dice la leyenda que si se reúnen siete personas, se sientan en forma de círculo y cada uno cuenta una historia de terror, el miedo acumulado del alma humana, hace un llamado a través de varias dimensiones y  se aparece un fantasma azul. Cada uno de nosotros debe de tener una lámpara de papel azul y cuando terminemos de contar el cuento, la apagamos, así hasta que hayamos apagado las siete velas dentro de las lámparas. ― Yo digo que chale ― dijo Rodolfo. ― !Qué culones! ― dijo el Gera: ― Hay que hacer esa madre que dice el Munguía, nomás pa’ ver que pedo.

El Mike dijo que le parecía buena idea, los demás también estaban convencidos, el Mireles dijo, mirándome con los ojos entrecerrados y sonriendo levemente: ― Mungs no me digas que tienes esas pinches velas y lámparas de papel. ― Ahuevo ― dije también sonriendo. ―Pinche wey, me cae que eres bien raro ― apuntó el Rudo. ― Bueno, bueno, bueno, ya trae las pinches lámparas ― interrumpió el Gera, el parecía más entusiasmado que todos en contar una historia de terror.

Saqué las lámparas, prendimos las velas, apagué las luces y mi departamento quedó iluminado por una tétrica luz azulada. ― Ay wey ― dijo el Diego ― Si está “vergos” esto. ―Tranquilo, ¿quién empieza? ― dije. El Gera se levantó, le tomó un trago de fondo a su cheve y dijo: ― Por supuesto que yo…


Doble Ración
Hace muchos años viajé por Asia. Decidí que quería conocer lugares no visitados por nadie, así que busqué guías que me llevaran a donde nadie quería ir. En mi búsqueda me topé con una leyenda japonesa que hablaba de la isla azul, que originalmente fue creada sólo por burbujas, antes de que todas las islas del mundo pudieran haber sido creadas. Indagando, encontré un viejo pescador me afirmaba que él sabía llegar a esa isla, pero temía que no quería atracar ahí, me podía acercar lo más posible y volver por mí una semana después.

No voy a mentirles, ni tampoco a exagerarles, el viaje fue tranquilo, el mar en esa parte del mundo parece muerto. Tiene olor a algo que se mueve poco, como peces estancados en el mismo lugar. El cielo estaba completamente despejado y sin neblina, tampoco había nubes, ni aves en el cielo. A los tres días divisamos en el horizonte a la  isla, el viejo me indicó que me podía acercar un poco más, mientras su barca no tocara la tierra. Después de unas horas, descendí de la balsa, el agua me llegaba a la cintura y sentí el fresco del mar envolviendo la mitad de mi cuerpo. El viejo se veía sereno, se rascó la cabeza y me advirtió que tuviera mucho cuidado: ― la isla estaba embrujada. Me animé más, me alegré honestamente, lo que más deseaba en el mundo era encontrarme con cosas extraordinarias, la vida tiene más sentido si puedo toparme con lo fantástico. Claro, en ese momento, aún no ponía a prueba mis nervios y mi sensatez, poco sabía de lo cerca que estaba de cumplir mi ilusión. ― Está embrujada. Recuerda ver tus manos y repetir tu nombre si necesitas saber quién eres. ― Sí señor, gracias. El viejo seguía observándome, me daba la sensación de que veía a través de mí.

Me adentré a la isla y al poco tiempo descubrí una aldea. Me impresioné. La gente era muy tradicional, vestían ropa japonesa antigua, caminaban por caminos de tierra bien definidos y sus casas estaban elaboradas con madera rústica y papel. Mi sola presencia paralizó al pueblo, que estupefactos me miraron como bicho raro, asumí que era natural, ya que pocos viajeros habían pisado esa polvorienta localidad.

Salude con un movimiento de cabeza, sabía que no habría forma de comunicarme con ellos. Se acercaron a mi unos niños y un anciano, me saludaron jovialmente y empezaron a hablar en alguna variante de japonés. La gente estaba feliz con mi presencia, todos venían a saludarme y yo regresaba el saludo, hasta que por fin una anciana muy vieja y pequeña habló en un español perfecto: ― Te saludo foráneo. Te hemos esperando varios siglos, por fin se ha cumplido el designio de esta isla. Escuchar sus palabras me dejó perplejo, no esperaba escuchar nuestro idioma en lugares tan remotos… ― ¿Cómo es qué sabe español? ― la vieja soltó una carcajada y me dijo: ― He dejado de sorprenderme de las cosas que sé. Esa fue su única respuesta, así que la respeté y seguí  de pie, pensando en que algo extraño estaba a punto de ocurrir.

― Ven ― me indicó ― Esta noche festejaremos. El sol antiguo nos llama, llegas en el tiempo preciso. La bella Mitsuko te está esperando. ― No entiendo, no conozco a Mitsuko ― dije completamente desconcertado. ― Eso es lo que tú crees. Cuando la veas, la recordarás ― Fue su vaga respuesta.

Caminamos durante varios minutos a la plaza central del pueblo. La plaza estaba decorada con varias estatuas de dragones que parecían girar alrededor de algo que ineludiblemente era el sol, había varios árboles de sakura que apretujaban el ambiente de la plaza y en el centro había un largo camino que atravesaba todo el pueblo. Empezaron las danzas, la comida, la fiesta, los fuegos artificiales, las carcajadas, la celebración al antiguo sol. Me dejé llevar por la fiesta, bebí, comí, sonreía a todo el mundo, hasta bailé un poco. La comida era deliciosa, el ambiente era perfecto, las bebidas embriagantes. Era felicidad pura, la experiencia perfecta que nunca olvidaré.

De repente todo quedó en silencio. Miré a todos lados y la anciana se puso de pie y dijo unas palabras en japonés. Después me miró y dijo: ― Mitsuko se aproxima, ¿estás listo?, inmediatamente dije que sí, sin pensarlo. Todos se movieron del camino central, al final del camino pude ver la figura de una mujer completamente de rojo, con cabellera larga y negra, que caminaba hacia mí. Tardo varios minutos en llegar y todos estábamos en silencio, observándola.  Cuando por fin llegó, se inclinó ante mí y me dijo en español perfecto ― Soy tu prometida de tus otras vidas. Era perfecta, la simetría de su rostro, sus ojos negros, su boca roja, su voz melódica, hasta podía percibir su olor a flores. La anciana me preguntó ― ¿Aceptarás casarte con ella? ― no sé si fue el alcohol, la belleza, el cansancio, la felicidad o la combinación exacta del tiempo y el espacio, pero de mi boca brotó la palabra ― Sí.

La ceremonia fue folklórica. Después la vida con Mitsuko fue deleitosa hasta el día 6. Todos los días la vislumbraba al despertar, su respiración paralizaba la mía, sus miradas detenían el tiempo, sus manos eran suaves como el barro y su sonría irradiaba todo como el sol. Sin embargo, no todo estaba bien, algo me pasaba. Mi felicidad siempre se ponía delante para ocultar que me estaba debilitando, cada mañana tenía menos fuerza y no sabía por qué.

La mañana del sexto día salí a caminar un rato por el pueblo, cuando me encontraba por primera vez lejos de Mitsuko, un agujero se abrió en mi estómago con un vigor tormentoso. Moría de hambre, quería comerme todo, un árbol, la tierra, el pasto, a la gente que pasaba, las nubes, todo me parecía apetitoso. Reparé en un señor que vendía frutas y me acerqué para pedirle una, la mordí y sentí el placentero sabor de la manzana en mi boca, ácido y dulce; se disolvía en mi lengua y resbalaba lentamente a mi estómago.

Me di cuenta que había perdido varios kilos, era obvio que algo malo me estaba ocurriendo. Había algo en ese perverso en el pueblo y en Mitsuko. Tratando de recordar los últimos días, caí en cuenta que no recordaba haber comido nada en absoluto, la última vez había sido en el festival del sol. Quería comer otra manzana, pero no podía seguirlas tomando gratis. No sabía qué hacer. Si regresaba con Mitsuko, quizá volvería olvidar todo. Decidí regresar a casa cuando la luna se mostraba completamente llena en el cielo.

Encontré a Mitsuko en la cocina, al instante me sentí enamorado. La sensación cálida recorrió mis venas y paré junto a la mesa. Indeliberadamente recordé que debía tener hambre, aunque sólo sentía una inmensa sensación de sueño y flotación. Me miré las manos y dije en voz clara ― Yo soy Gerardo Hernández. ¡En ese momento pude ver la realidad! Mis ojos se abrieron con ardor, mi boca se secó de pronto, el hambre combinado con miedo era devastador, mi estómago se hizo trizas, mis dedos temblaron y no pude evitar caer al suelo en mis rodillas. Mitsuko estaba devorando toda la comida, pero tenía una enorme boca en su nuca que era la que comía todo con avidez atroz, de mi cuerpo se debilitaba, como si estuviera consumiendome. Sus cabellos eran como tentáculos negros y horripilantes que tomaban palillos, platos y cuanta cosa estuviera en su camino.

Me puse de pié con toda la energía que me quedaba y comencé a correr. Corrí sin parar hasta que llegué al lugar en donde me había dejado el viejo una semana atrás. Mi corazón acelerado, mi mente volando, mi respiración entrecortada y a lo lejos escuchaba el rumor de una muchedumbre que se acercaba. En el horizonte vi la pequeña balsa, me eché al mar y nadé con todas mis fuerzas, hasta llegar a la balsa del viejo. Subí y me quedé tendido viendo a las estrellas, el viejo no hablaba, seguía remando tranquilamente. ― Gracias ― le dije. El sólo me sonrió.

viernes, julio 06, 2012

Noche sin estrellas

Nuevamente el mismo sueño, una mujer de cabellos ondulados me decía que las cosas no son lo que parecen. No le pude ver su rostro, desperté antes.

Mi corazón latía fuertemente y sentía un agujero en mis entrañas. Bajé el pie izquierdo de la cama y sentí el frío del piso de mi habitación. El ambiente era húmedo, afuera escuchaba la lluvia arrullando las ventanas y banquetas; la lluvia refrescaba al edificio y a los gatos. Parpadeé dos veces porque creí ver algo en la puerta de enfrente de mi cuarto, "quizá el reflejo de tantos espejos que hay en esta casa, quizá mi perro se encuentra dando una ronda nocturna, quizá mi imaginación, quizá los efectos del sueño" - fue como lo justifiqué.

Bajé el otro pie y volví a sentir el frío. Mi respiración era lenta, estaba sudado y me llevé ambas manos al rostro; al fin me decidí a levantarme por un vaso de agua. Eso ayuda mucho, caminar, descubrir que no hay nada más allá, que la mente nos juega trucos y no queremos aceptarlos, "nos gusta tener miedo" - pensé.

Ya erguido volví a ver algo. Mi imaginación nuevamente me quería tener arrinconado, pero ante esas situaciones, siempre hay una parte de mi que goza con el atrevimiento y la valentía, así que caminé al cuarto de enfrente, quizá si cerraba la puerta del cuarto dejaría de pensar más en la mujer de los cabellos ondulados. 

En el pasillo convergen dos imágenes de dos espejos, uno del baño y otro grande en el pasillo. Una extraña elección para mi gusto, porque justo en ese lugar uno se siente atrapado entre varias imágenes de uno mismo yuxtapuestas sin sentido, en el día, pasa desapercibido, pero por la noche, en ese punto se detiene el tiempo, el aire se condensa como si estuviera caminando bajo el mar. Me resultó inevitable echar una mirada a mi alrededor, dentro de las imágenes de los espejos.

Mis manos temblaron un poco cuando nuevamente la vi, fue algo fugaz y una punzada de miedo comenzó desde mi espalda hasta la nuca, desapareció al instante pero sentí el rose de mi perro en mi pierna, que justo pasaba por ahí cuando la extraña imagen había decido rodearme por la espalda. Sentí la pata de mi perro sobre mi pie descalzo y algo estaba mal. Me avisaba de algo, mi perro también lo sabía "las cosas no son lo que parecen" - pensé. En vez de avanzar o retroceder, giré mi cuerpo para volver mi mirada al cuarto que había abandonado hacía unos minutos y pude ver a mi esposa sentada en la cama con la cabeza agachada. El miedo llegó a niveles desproporcionados, sentí que mis piernas se volvían de gelatina, mis brazos flotaban como en aire caliente y mi cabeza sintió un descalabro, como un martillazo que te deja moribundo.

"¿Estas bien amor?" - pregunté con la boca seca, mi voz fue áspera, no denotaba miedo, pero si aprensión. Esperé unos minutos sin obtener respuesta. Tenía que avanzar hacia ella, aunque estuviera prisionero en ese espacio de poder, en ese maldito espacio del terror, donde convergen imágenes extrañas, donde el universo se achica entre dos espejos. Moví ligeramente mi pie y ella levantó la cara. Horror. Mi perro lloró quejoso, mis manos sudadas se abrieron en un espasmo, mientras lanzaba mi cuerpo hacia atrás en un brinco de terror, mi estomago estaba a punto de vomitar miedo y mis ojos estaban completamente abiertos, intentando entender lo que veían.

Mi esposa, tenía su cabello ondulado en vez de lacio, su postura era recta como de extrema concentración, pero donde debía estar su cara, no había rostro. No tenía ojos, no tenía nariz, no tenía boca, sólo una figura sin nada, sin pasión, sin sentimientos, era la frialdad de la nada. No era algo borroso, era algo nítido, pero sin expresión, ver su cara sin rostro, daba la sensación de estar perdido en el limbo, de flotar sin gravedad, de no tener tiempo, de no tener fin, era una sensación de no ser. Sentí que me iba a desmayar ante tan abominable juego del destino, me senté en el piso al ver que ella se levantaba y se dirigía hacia a mi y en todo lo que pasó después, nunca dejé de pensar "nada es lo que parece".


Basado en "El Noppera-bō y la charca de koi"

jueves, mayo 17, 2012

Es mejor olvidar



― Yo no dije eso. Nacho estaba seguro por unos segundos, pero… ― Sí dijiste, ayer, cuando estabas viendo la tele. ― fue la respuesta de su novia. Era el clásico dilema, ya no estaba seguro de que había dicho, sólo sabía que no había puesto atención. Su concentración en ese momento del pasado, eliminó esos minutos de su vida en que su novia le estaba platicando de algo que le pareció trivial. ¿Qué hacer? ― Puede ser, la verdad es que no recuerdo bien ― fue su torpe respuesta. ― ¡Nunca me pones atención cuando te estoy contando algo!... El reclamo se extendió por los próximos 26 minutos, y aunque Nacho intentó poner atención esta vez, se perdió el 70% del tiempo.

¿Por qué los humanos no son capaces de recordar todo lo que viven? Se preguntó Nacho ese día. Algunas veces había olvidado cosas importantes en su trabajo, en ocasiones olvidaba el paraguas, tampoco podía recordar todos los libros que había leído, ni siquiera podía recordar con claridad cada película que había visto ¿Por qué? Le parecía que la memoria del ser humano era algo tan efímero que lo hizo sentirse insignificante.

Esa noche antes de dormir deseó con mucha fuerza poder recordar todo. Las posibilidades serían infinitas, seguramente tendría más éxito en su vida, se comunicaría mejor con la gente, le iría mejor en el trabajo, etc. Recordar todo lo que ha vivido, cada momento, cada comida, cada persona que había visto alguna vez en la calle, sería extremadamente interesante, no había forma de que si su deseo se cumpliera, no fuera feliz.

Al otro día despertó y sintió una paz mental que pocas veces había sentido. Mucha claridad, recordaba claramente lo que había deseado con tanto fervor la noche anterior, también fue capaz de recordar perfectamente su sueño, en donde platicaba bajo un árbol con una persona desconocida. Empezó a recordar la pelea que había tenido con su novia con total claridad, e incluso, buscando en su mente, recordó cosas que ni siquiera sabía que habían ocurrido en esa charla. Entonces lo supo. Su deseo se había hecho realidad. Recordaba cosas de la conversación, aunque hubiera estado perdido en sus pensamientos.

Hizo un experimento e intentó pensar en un día aleatorio de su vida, decidió escoger el 14 de mayo de 1998, en esa fecha cumplió 16 años. Recordó perfectamente todo: el pastel, sus amigos, el regalo de su mamá, que ropa traían puesta cada uno de los invitados, la música de fondo, el sabor en su boca de las papas con salsa que comió y después el sabor de la carne asada. Era algo increíble, se había cumplido su deseo. Haciendo memoria se dio cuenta que su novia mintió la noche anterior, que él no había dicho nada de lo que ella le reclamaba. Sonrió. El mundo era suyo, era un nuevo lugar donde él tendría la ventaja sobre todos.

El día fue maravilloso. Le reclamó a su novia, pero a la vez, recordó varios detalles de ella, que la hicieron feliz. También se acordó del nombre de toda la gente en el trabajo, sabía muchos detalles que nadie más sabía, su conocimiento se incrementó al recordar varios libros técnicos que había leído. Al final del día, fue a cenar a casa de sus padres. Mientras se tomaba un chocolate caliente, era tan feliz de saber con toda seguridad, que el sabor del chocolate que hacía su mamá no había cambiado en el tiempo. En un arrebato de felicidad decidió contarle a su mamá. ― Mamá, hoy desperté y pude recordar todo lo que alguna vez me pasó… ― durante horas Nacho habló de todos los detalles que podía traer a la memoria con tanta claridad, su madre estaba bien asombrada, hasta que de repente se le ocurrió decir: ― Me acuerdo que cuando eras un niño de tres años tenías un amiguito imaginario, ¿te puedes acordar de eso también? ― ¡Claro mamá…! ― de repente Nacho palideció, su mamá preocupada se acercó a tocarle el hombro y preguntarle si estaba bien.

En unos segundos, pudo recordar que en efecto de niño tenía un “amigo”. Muchos niños tienen amigos imaginarios y los olvidan para siempre, mucha gente cree que es normal, debido a la imaginación de los niños. Sin embargo, Nacho, sintió un escalofrío mortal que recorrió toda su espalda, empezó a sentir ganas de vomitar y sus ojos de pronto estaban secos fijos en un sólo lugar.

La criatura que fue su amigo, era un ser horripilante que es imposible describir con el lenguaje común que hemos inventado los hombres. Muchas imágenes grotescas se pueden unir para formar la atrocidad más grande que la mente humana pueda crear, pero aun así, no serían algo tan horrible y nauseabundo como el amigo de infancia de Nacho. Su color era de un verde fangoso y en algunas zonas color rojo sangre. Su piel era viscosa, como un órgano animal expuesto al aire libre. No tenía extremidades para caminar, se arrastraba y dejaba un rastro baboso, como si fuera un caracol, sin embargo, se movía con rapidez. Tenía seis extremidades que usaba para tocar, tomar y agarrar cosas, eran velludas como si se tratara de una tarántula. Su rostro era una masa informe, donde resaltaban dos protuberancias rosas y en la punta tenían una esfera amarilla, que era por donde la criatura veía. En vez de boca solo tenía un agujero en el centro de su ser, Nacho sabía que ese agujero baboso era su boca, porque recordaba que él, inocentemente, había alimentado a la criatura con comida que robaba de su refrigerador.

Pero su alma se desbordó cuando recordó que el ser horripilante era capaz de comunicarse con él sin producir sonido alguno, a pesar de que su movimiento viscoso y el movimiento de su boca producían sonidos irregulares y repugnantes. Se acordaba perfectamente que sus padres le habían dicho que ya era hora de crecer y tener amigos de verdad. Una noche Nacho le pidió al organismo que lo dejara en paz, que ya no quería verlo, en su cabeza escuchó una voz de ultra tumba que le dijo lentamente ― Me voy si porque no quieres verme, pero un día sentirás ganas de pedirme algo, un deseo tal vez y yo lo cumpliré. Y si alguna vez te acuerdas de mí, volveré y ya nunca te dejaré, y tomaré conmigo a todos tus seres queridos, los devoraré frente a ti y los vomitaré deshuesados, en castigo de tu osadía. ― El niño había dicho que sí y empezó a llorar porque por primera sintió miedo. La criatura desapareció… hasta este día en que la mirada de Nacho miraba por encima de su madre, pudo ver un rastro baboso en el piso de su vieja casa y como se alzaba una repugnante pata de tarántula, desde atrás de la mesa.

viernes, agosto 12, 2011

Mexican Frenzy: Reencuentro

—¡NO MAMES, NO MAMES! — gritaba el Gera, mientras el Dogo y yo lo jalábamos con toda nuestra fuerza hasta que logramos subirlo. — ¡A la madre que pedo! — exclamó el Dogo. Asomé la cabeza para poder ver, lo que había sido el Rudo brincaba en una pierna intentando alcanzar el techo, gruñía y escupía sangre por la boca, parecía que nunca se iba a cansar. — NO ME MORDIÓ — dijo el Gera. — ¿Estás seguro we? — le pregunté. — Sí, 100% seguro, estuvo cerca no mames, nomás me arrancó mi tenis, pero no me pasó nada.

Los gruñidos seguían escuchándose abajo. Laura dijo — Hay que movernos para salir de aquí. — Sí —fue mi respuesta— además tenemos que buscar los otros. Comenzamos a gatear hacia adelante, atentos a cualquier ruido que se escuchaba. Entre más avanzaba, más apagados se escuchaban los gruñidos del Rudo. Estaba sudando y pude ver que el Dogo y el Gera también. Tenía sangre en varias partes de la ropa y la sensación era muy molesta e incómoda. Se sentía algo de sangre seca en algunas partes de mi ropa que me raspaban y otras partes más frescas daban la sensación de aprensión. Ir gateando era muy agotador, sumado a las horas que habíamos estado huyendo, el cansancio era brutal.

—Escuché algo — dijo Laura. Todos nos quedamos callados. Había un silencio total, no se escuchaba ni un solo ruido. De repente escuchamos una voz apagada —… no sé, quién sabe si sobrevivieron, pero no sé cómo vamos a salir nosotros de aquí. — Es el Mike… — dijo el Dogo y destapó un plafón para asomarse. Abajo se veía un pasillo largo. De pronto se escuchó un gruñido agudo — y el Dogo subió la cabeza inmediatamente — Hay zombies, pero ellos no están aquí. — Hay que avanzar más Laura — dije tocando la pierna de Laura.

Seguimos nuestro único camino posible y se escuchó la voz de la Neni claramente — No sé, a lo mejor deberíamos de esperar y salir cuando no haya ruido — Ahorita no hay ruido — dijo la voz de Liz. — ¡Son ellos! — dijo Luisa. El Dogo volvió a mover un plafón y escuchamos — ¿Qué es eso en el techo? — Somos nosotros — gritamos.

lunes, agosto 08, 2011

Mexican Frenzy: Rudo-Zombie

Saltó del techo hacia nosotros y cuanto tocó el piso su pierna se partió en dos y cayó al suelo gruñendo. — ¡AHHHH! — gritó Laura haciéndose para atrás. Todos tardamos en reaccionar, estábamos en shock, no creíamos que el Rudo se fuera a transformar, parecía que había sobrevivido a la infección, pero ahora, la terrible realidad se arrastraba en el suelo, buscando un pedazo de alguno de nosotros.

—¿Qué esperan? — Preguntó Luisa — ¡Pégale Luis! ¡Nos va a matar, ya es un zombie! Dudé, no sabía qué hacer, en el piso estaba un amigo escupiendo sangre y arrastrándose, tirando manotazos para alcanzar mi pierna, el Dogo también se quedó inmóvil, finalmente el Gera, me quitó el bate de repente, se acercó y golpeo al Rudo en la cabeza. El golpe sonó como si golpeara un pedazo de madera y el Rudo quedó fulminado en el suelo. No se movía. — ¿Estará muerto? — pregunté. El Gera, lo movió con el bate y el cuerpo permaneció inmóvil. — Parece que si we… — dijo moviendo el cuerpo inerte con el bate, luego volteo a vernos —… tenía que reaccionar we. El Dogo le dio unas palmaditas en la espalda — Tranquilo we, estuvo bien, no teníamos opciones, gracias — Está cabrón porque lo conocemos we — le dije y continué: — este vato era bien compa.

Laura pareció recuperarse mejor del shock y dijo — Continuemos, hay que subir al techo para salir de aquí y buscar a los demás. — Sí es cierto, vamos — contesté todavía con mi mirada en el cuerpo del Rudo. Ayudamos a subir a Luisa, luego a Laura, luego subí yo, luego el Dogo y al final el Gera saltó, se colgó y nosotros lo ayudamos a subir. Cuando lo estábamos jalando hacia arriba de los plafones el Gera gritó — ¡A la verga, no mames! — y empezó a patear. Abajo escuchamos nuevamente los gruñidos del Rudo.

viernes, agosto 05, 2011

Mexican Frenzy: Incremento del dolor

¿Ahora qué hacemos? Era la pregunta que nos hacíamos, todos los que estábamos en la pequeña oficina. La maldita oficina no tenía ventanas, así que no había ninguna escapatoria y la sensación de claustrofobia era mayor. Mientras me tendía en la alfombra boca arriba, descubrí que el techo era de plafones y quizá podíamos removerlos y escapar por ahí. El centro del techo era de plafones y las orillas era de un material sólido, quizá ladrillos, cemento o tabla roca, me era imposible descubrirlo. Podríamos quitar los plafones y caminar por la orilla que era bastante amplia, donde el material era sólido y probablemente resistente.

—Escuchen tengo un plan… —dije en voz alta pero me interrumpí al ver a Rodolfo en el suelo con cara de angustia, agarrándose la pierna. — ¿Qué pasa Rudo? —Cuando hice la pregunta, Laura y el Gera, que también estaban descansando, se incorporaron para ver más de cerca al Rudo. —Nada we, me duele un chingo es todo. El Gera se acercó y levantó el pantalón de Rudo rápidamente, sin que éste pudiera evitarlo. La pierna estaba morada, probablemente engangrenada. — No se ve bien Rudo — Le dije. — Ya sé cabrón, ya sé. — contestó este con un hilo de voz. El dogo dijo con voz baja: — Lo siento mucho cabrón — se veía mucha seriedad en su cara — pero vamos a tener que cortarte esa madre en cuando podamos. El Rudo mostró su miedo en los ojos, luego calló, bajó la cabeza en aceptación y alcanzó a decir entre sollozos: — sí, no hay pedo.

—¿Qué decías tú? — preguntó el Gera señalándome. Asentí con la cabeza y empecé a explicarles mi plan. Todos estuvieron de acuerdo, pero el Dogo se mantuvo en silencio y al final dijo: —No sé si el Rodolfo vaya a poder trepar y andar gateando por arriba del techo. — ¡Claro que puedo! — gritó el Rudo con terquedad, mientras intentaba incorporarse. Si creíamos en su buena voluntad, pero no sabíamos si soportaría treparse y arrastrar la pierna durante bastante tiempo. Necesitábamos solucionar su problema. Por otra parte, si después lográbamos cortarle la pierna, estaría en completa desventaja y ninguno de nosotros sería capaz de cargarlo.

—Bueno — dijo Laura — vamos a mover esta mesita para alcanzar el plafón. Acomodó la mesa se subió y empujó el plafón que cedió inmediatamente. — ¿De qué es el material que está a lado, en la orilla? — Pregunté — No sé, pero… — Laura jaló fuertemente de él y luego se colgó de sus brazos unos segundos —… parece que si nos va aguantar sin pedos. Luisa sonrío: — Muy bien. Necesitamos usar el escritorio para llegar más alto y subir más fácil. — El escritorio está sosteniendo la puerta — dije. —No le hace — dijo el Dogo — no se oye nada afuera, hay que subir rápido y ya.

Movimos el escritorio, quitamos dos plafones más para poder subir a la parte que era de material fuerte y ayudamos a subir primero a Rodolfo. —Tu puedes master — le dije — nomás te vamos a empujar y usa tus brazos todo lo que puedas. Empezamos a empujar a Rodolfo entre los tres hombres y logramos subirlo. En cuanto se subió se quedó tirado como inconsciente, en el material que era sólido. Estaba todo sudado y respiraba con dificultad. —Esto no me da buena espina — murmuró el Gera para que Rodolfo no pudiera oírlo. —Sí, pero ni modo que lo dejemos wey — dijo el Dogo. —Sí, ¿por qué no? No vamos a poder cargar con él cabrón. — ¡AAAAAHHH! — Luisa gritó señalando hacia arriba. El Rudo escupía sangre y sus ojos habían cambiado de color, se contorsionaba y movía sus brazos desesperadamente.

jueves, agosto 04, 2011

Sexo, socialismo y robótica

El brevísimo cuento que les comparto es muy viejo. Lo escribí el 12 de marzo de 2005, cuando aún vivía en la ciudad del sol, lleno de esperanzas sobre el futuro alentador. En esas fechas iba terminando de estudiar la licenciatura. Aún era idealista y soñador, estaba situado en una línea que cambiaría mi vida. Decidí reescribirlo tal cual el original.

Ya han pasado 6 años y el mundo giró.

Salud, mi buen rojillo.

***

Marcos Farad miraba por la ventana del edificio. Los carros último modelo circulaban por toda la ciudad produciendo un efecto hipnotizante. Desde la revolución robótica, todos tenían tanto tiempo de sobra para pensar y filosofar. Mark, como lo llamaban sus amigos, ya había publicado dos libros sobre filosofía y sólo tenía 24 años de edad.

Volvió su mirada a la cama y observo el pezón de su amada Bliss. El sexo esa noche había sido muy apasionado, quedó completamente rendido y sentía un ligero dolor de cabeza. Se quedó mirándola: curvas perfectas, ojos rasgados, cabello negro profundo y tez blanca como la nieve. Mark se sintió triste de no poder ver sus ojos verdes.

Volvió a mirar por la ventana del vigésimo tercer piso. El mundo había dado un gran salto, justo como cambió a al capitalismo después de la primera revolución industrial del siglo XIX. ¿Quién iba a pensar que el avance tecnológico que una vez desembocó en una economía de mercado e individualista, ahora era la causa de todo lo contrario? un socialismo absoluto.

Cuando el último hombre fue remplazado en la fábrica, desaparecieron los compradores y los incentivos. El producto se tuvo que empezar a repartir en partes iguales. Los hombres ya no eran dueños de su producción, el obrero había sido remplazado por un robot. Suspiró profundamente. La vida era muy fácil ahora, sin embargo, se sentía vacío.

Marcos Farad miró una vez más por la ventana hacia la enorme ciudad bajo el cuidado robótico y no se pudo responder si estaba vivo.

miércoles, agosto 03, 2011

Mexican Frenzy: Parapetar

Alcancé a tomar un bate rápidamente y de reojo pude ver como el Mike sacaba uno de los cuchillos de carnicero que tenía. El Dogo se lanzó hacia los zombies con el bate en las manos mientras decía: — ¡Corran, corran! ¡Rápido busquen la salida! Todos empezamos a correr, mientras Mireles tomaba su escopeta que tenía recargada en una mesa y empezaba a disparar gritando — ¡Esta madre no va durar para siempre!, ¡no sé cuántos clavos me quedan!

El Dogo rompió un cráneo de un zombie, mientras yo derribé otro y empecé a machacarle la cabeza, Laura estaba atrás de mí, le apreté la mano y le dije: — Vámonos ya. Empezamos a correr, subí por las escaleras con Laura tomada de la mano, Luisa y el Dogo venían justo atrás de nosotros. El Gera iba delante de nosotros y nos dijo — Fierro métanse en esta oficina, ¡rápido, rápido! Rodolfo gritó: — ¡Van, van, van! — No lo había visto, pero cojeaba a mi lado y tenía un tubo que había sido la pata de una silla.

No podía ver al resto del grupo. Escuchaba en el piso de abajo golpes, gritos de zombies y disparos de la escopeta del Mireles, pero no podíamos esperar, estábamos a punto de ser devorados por la horda de muertos vivientes.

Entramos a la oficina que el Gera nos estaba señalando pasamos y cerramos la puerta de madera, en cuanto la puerta se cerró escuchamos golpes y rasguños de los zombies que nos perseguía. — Hay trabar bien la puerta — dije. El Gera, el Dogo y yo, cargamos un escritorio y lo atoramos contra la puerta, después colocamos con fuerza algunas sillas. Se seguían escuchando ruidos detrás de la puerta, y de pronto todo fue interrumpido por un grito en el exterior, era un grito de mujer. Después hubo silencio. — No mames — dijo Laura — ¿Qué hacemos? ¿Salimos? — No creo le contesté. Estábamos encerrados el Dogo, la Luisa, el Gera, el Rudo, Laura y yo. El grupo se había separado.

martes, agosto 02, 2011

Mexican Frenzy: La puerta


La puerta estaba abierta. — Shhhh, silencio todos — dijo el Gera. Afuera un zombie estaba observándonos, movía lentamente su cabeza, como tratando de procesar si lo que estaba detrás de la puerta era comida. El Mireles se acercó lentamente a la puerta para cerrarla y de repente, el zombie comenzó a correr gritando y escupiendo sangre hacia nosotros. Varios corrimos a la puerta para intentar cerrarla, el Mike fue el primero en llegar y jalar hacia adentro la puerta. La alcanzó a cerrar justo cuando el zombie se estrelló contra la puerta y empezó a golpear el pesado cristal.

Varios muertos vivientes se alertaron y corrieron a apretujarse contra las puertas del edificio golpeándose y estrellándose continuamente. Una esquina del cristal de resquebrajo ligeramente sin llegar a romperse por completo. — Esta madre no va a aguantar por siempre — dije con voz apresurada. Laura dijo nerviosa — Tenemos que volver a la puerta por donde entramos. — ¿Y si todavía hay zombies ahí afuera? — se preguntó Luisa. — No sé, pero tenemos que movernos ya — concluí.

—Creo que podemos subir a la azotea, a ver si hay helicóptero — dijo el Rudo. — ¿Otra vez con esas mamadas? Nadie sabe manejar helicópteros — dijo el Gera gritando, su voz se escuchaba desesperada. — A ver, tranquilos — intervino el Dogo — Vamos a asomarnos rápido a la puerta por donde entramos, sino, buscamos otra, hay que movernos rápido nada más. En nuestro camino podemos buscar alguna llave para buscar carros en el estacionamiento. — Sí, se oye bien — dije yo.

—Entonces vamos — dijo el Mireles y el Mike. Justo en ese momento escuchamos miles de cristales estallar y caer en pedazos en el suelo. — ¡Corran! — gritó Liz, mientras pasaba a mi lado a toda velocidad rumbo a las escaleras.

viernes, julio 22, 2011

Mexican Frenzy: ¿Descanso?

Parte 8.

—Está muy bien Mike, pero, ¿por qué no sacaste comida de las máquinas expendedoras? — Dijo el Gera en un tono sarcástico. — Porque todas están totalmente saqueadas — Respondió Mike con un tono similar. Nos volteamos a ver todos mientras comíamos y entonces la Neni dijo — Eso quiere decir que puede haber más gente aquí en el edificio… — Liz interrumpió — También puede ser que la gente, antes de escapar, saqueó las máquinas.

—Pues quién sabe. — Terminó el Mike. — ¿A dónde vas Nacho? — continuó el Mike. El Nacho se había parado sin comer y volvía a asomarse hacia afuera. — ¡A ningún lado ¿qué no ves?! — Él seguía hostil y hablaba siempre alzando la voz. — Uyyyy — Le dijo la Neni — ¡Qué carácter! —Sí ya bájale — dijo el Gera. —Pues estamos rodeados, a pesar de estamos comiendo esas madres que trajo el Mike, nos la vamos a pelar. — Mira cabrón — dijo el Mireles que había permanecido callado durante toda la conversación — Ya déjate de mamadas we, queremos aportes positivos aquí. El Nacho se limitó a mirarlo y se sentó en el piso, alcanzó una barrita de granola y empezó a comer.

—Yo opino que deberíamos dormir — dijo Luisa. Inmediatamente dije — Estoy totalmente de acuerdo contigo Luisa, tenemos que dormir un rato. — Sí — dijo el Rudo y continuó: — Ya hay que dejar de preocuparnos por un momento, estamos cansados y jodidos, tenemos que dormir para pensar con mayor claridad. Todos aceptaron moviendo la cabeza. Empezamos a buscar lugares para dormir. El piso era una opción natural, pero quizá se podía estar más cómodo. El Gera usó su mochila de almohada y quedó se durmió al instante.

Laura y yo volteamos unas sillas sobre una alfombra que se encontraba en el lobby, de tal forma que el respaldo inclinado de la silla, servía de almohada. Usamos la típica técnica que usábamos en el colegio para dormir en la biblioteca, Liz se acercó y nos dijo — Claro, si algo nos enseñó el colegio es pistear y dormir en el piso. Ella también tomó una silla y la volteó en el piso. El Rudo se emocionó y aplicó el mismo procedimiento. El Nacho andaba jalando unas macetas, quizá quería hacer algo con las plantas para dormir. El Mike y la Neni se acostaron en una mesa y acomodaron unas carpetas encima. El Dogo y la Luisa llegaron a nuestro lado y el Dogo se quitó un suéter que traía puesto y se lo puso a la Luisa como almohada. Esta fue mi última imagen antes de quedarme dormido.

—PUUUUUUUUM — un ruido estruendoso me despertó de un saltó. Laura se incorporó también. — ¿Qué fue eso? — dijo Laura. El Dogo se paró al instante y el Gera ya estaba caminando — Cabrones, no está el Nacho — dijo. Todos nos despertamos. — ¿Qué pedo? — dijo el Mike con voz somnolienta. Afuera, en la calle, se veía que ya era noche. — ¡¿Qué chingados está pasando?! — dijo el Rudo. Me paré y busqué entre todos para confirmar, que en efecto faltaba el Nacho. — Aguanten — dijo el Gera — la puerta del Lobby está abierta. Fijé apresuradamente mi mirada en la puerta, estaba completamente abierta.

miércoles, julio 13, 2011

Mexican Frenzy: Hambre


Después de tomarnos la cerveza entre el Gera, el Mike, el Mireles, el Dogo, el Rudo y yo. Hubo un momento de reflexión, nadie hablaba y todos estaban totalmente perdidos en sus pensamientos. El Nacho no había pisteado, quería estar alerta, nos dijo. Se mantuvo escuchando a lo que decíamos los demás. Habíamos dejado de conversar sobre la precaria situación en la que estábamos, de pronto el Mike se puso de pie de un salto — Voy a ir a explorar esta madre, ¿alguien me quiere acompañar? — El Mireles se puso de pie — Yo, vamos.

Ambos se fueron y entraron a las escaleras de emergencia para subir al primer piso. El resto nos quedamos ahí, sentados en el suelo. El dogo preguntó — ¿Tienen señal? — Automáticamente buscamos nuestro celular. Yo había tenido hacía unas horas en el Soriana, pero ahora, no había servicio. Miré al resto del grupo y todos tenían cara negativa cuando observaban su teléfono. — Nada — dijo Liz. Y el resto asintió como admitiendo que ellos tampoco tenían señal en sus teléfonos.

— Ese no es el pedo — dijo el Nacho sin voltear a vernos — El problema es que no tenemos comida y estamos atrapados en la torre mayor donde nomás hay pinches oficinas. Nos vamos a morir de hambre o vamos a tener que volver a salir a enfrentarnos con esas pinches mierdas — terminó, señalando hacia afuera del edificio, donde muertos vivientes seguían moviéndose lentamente.

— Podemos ir a buscar alguna llave de algún carro, seguro hubo raza que dejó su carro estacionado… — dijo el dogo. Todos se quedaron pensando un rato, Rodolfo habló — este edificio tiene un helipuerto, a lo mejor hay un helicóptero estacionado arriba y podemos escapar con esa madre. — ¿Estás loco? — Dijo el Gera — Me vas a decir que sabes manejar esas madres. El Rudo nomás dijo: — Nel… no sé, pero yo nomás decía.

La Neni que había estado callada dijo — Si está difícil, pero, la verdad, yo ya tengo mucha hambre. Varios dijeron — Sí, yo también. La Neni continuó — Vamos a tener que armarnos de valor y salir. Laura intervino — Sí, vamos a tener que salir eventualmente, pero la verdad, yo estoy muy cansada, quiero dormirme un rato. Acaricié a Laura en la espalda — Duérmete hermosa, yo aquí te cuido. Luisa dijo — Yo también me voy a domir. El Dogo dijo — Si tú también duérmete “mosha”. Duérmanse todos los que estén cansados, nosotros cuidamos un rato y luego nos turnamos, tenemos que descansar — terminó el Dogo. El Gera se acostó en el piso — Bueno, con su permiso…

La Neni interrumpió nuevamente — A lo mejor hay gente zombie adentro del edificio ¿no?, vamos a buscar al Mike, le puede pasar algo. — Tranquila — dijo el Gera — Tu novio es bien rudote, no le va pasar nada. La Neni se rió un poco, pero en su rostro continuaba reflejando preocupación. Mientras tanto el Nacho se levantó y se asomó por los cristales para ver a los zombies que caminaban afuera, después volteo nuevamente su mirada hacia nosotros — Tengo un chingo de hambre. Neta que nos vamos a morir aquí, no sé porque la juegan de que “todo está bien”, ¡Nos vamos a morir! ¿Qué no entienden? — terminó su frase gritando. El Rudo dijo — Calmado. Todos tenemos mucha hambre, pero nos tenemos que aguantar. — Not today my fren’ — Escuchamos la voz del Mike que había llegado con Mireles sin que los notáramos. El Mike tiró en el centro del grupo como unas 20 barritas de granola y galletas de varios tipos, como 30 jugos pequeños y unos cuantos sándwiches. — ¿Pero cómo…? — Empezó a decir Laura y el Mike la interrumpió — Abrimos todos los cajones de las oficinas y había varios que tenían “lonche”, así que a comer marcianos.

martes, julio 12, 2011

Mexican Frenzy: Amanece

Liz respiraba agitadamente, había salvado a Laura con su zapato de tacón. Nacho estaba en el suelo en su rostro se veía sangre que le había salpicado. Mireles bajó lentamente su rifle y se recargó en la pared. Rodolfo estaba serio y realmente triste. El Gera se había vuelto a echar al piso, el Mike y la Neni seguían tomados de la mano. Y yo, me acerqué a Laura y la abracé con fuerza.

Un momento de silencio es lo menos que podíamos hacer por nuestro amigo muerto. Habíamos vivido momentos horribles y la culminación era la muerte de Diego. El Dogo nos veía con cara de preocupación, quizá se sentía mal, pero nadie se atrevería a recriminarle nada, él había hecho lo correcto.

Nadie habló por más de 15 minutos. Rodolfo rompió el silencio — No mames, neta que me caía muy bien ese cabrón, ¿qué vamos a hacer? Nos vamos a morir todos. Nacho dijo — Sí, es cierto, la veo difícil… — Mike se paró de repente y levanto las manos — ¡No, no, no! Tranquilos, todo va a estar bien, no podemos dejarnos derrotar, está bien culera la situación, pero vamos a salir adelante. Laura levantó la mirada y dijo — ¿Alguien trajo algo de comida? Todos guardamos silencio nuevamente.

Habíamos tenido que correr y escapar a toda prisa, a nadie se le pudo haber ocurrido llevar algo del auto, pero… — Yo si traje cosas del carro wasones. Era el Gera de pie, sacudiendo su mochilita. — Pero antes que nada, vámonos de este pasillo.

Algunos sonreímos, Liz soltó una carcajada alegre, y por otra parte, Rodolfo sólo frunció el ceño y empezó a cojear detrás del resto de nosotros. Caminamos por el largo pasillo hasta que llegamos a un espacio abierto y grande, llegamos al lobby. Hacia afuera podíamos ver miles de zombies caminando lentamente, sin notar nuestra presencia por el tipo de cristales de las ventas. Nos sentamos en el suelo. Nacho todavía tenía manchada la cara y el Mireles le dijo — Nacho tienes sangre en la cara we. — El nacho no hizo nada, sólo se limitó a mirarlo.

— ¿Entonces trajiste comida Gera? — preguntó el dogo. — Pues dos tres — Dijo sacando de su mochila un 12 de tecates y una lata de atún. Hubo silencio que Luisa rompió — ¿Ósea que cuando pudiste traer latas de comida, te trajiste unas cervezas? ¡Qué irresponsable eres! — Liz también alzó la voz — No mames wey, ¿es en serio? — El Gera atacado, inconscientemente se movió unos pasos para atrás y regresó la cerveza a su mochila: — Yo no dije que traía comida, si no quieren no tomen, me vale madre. —Aparte grosero — terminó Luisa.

— jajajajajajajaja — El Mike se empezó a reír un chingo, a mí también me dio risa y solté — jajajajaja — Rodolfo empezó a reír también y dijo entre carcajadas: — te mamaste we, pero si está de pelos, a mí sí dame una chela. —Esa es la actitud — dijo el Gera triunfal y lanzó un bote al Rudo. La mayoría reímos, excepto Liz, Luisa y Laura. Después de un rato, incluso ellas se relajaron. Nos sentamos y tomamos un poco de cerveza para descansar por primera vez, de las varias horas que habían parecido una pesadilla de varios días. Afuera por las ventanas, se veía el sol salir lentamente.

jueves, julio 07, 2011

Mexican Frenzy: Sangre

Ver parte 5.

La puerta se abrió. Liz entró rápidamente y Laura volteó su mirada hacia abajo para buscarme, cuando me vio me hizo señas para que subiera. Comencé a correr y vi que el Gera subía rapidísimo por las escaleras. Cuando empecé a subir pude ver que en el pasillo ya venían corriendo el Mike y la Neni, seguidos muy de cerca por Luisa. Subí a la escalera de dos en dos escalones y en cuanto llegué a la cima, abracé a Laura y le dije — Muy bien hermosa, te rifaste con la puerta. Al mismo tiempo asomé mi cabeza al interior, Liz y el Gera ya estaba adentro. Se veía un pasillo alfombrado, paredes blancas y varias puertas, el Gera estaba tirado el piso, con una mochila en la mano que no había notado. Volví a asomarme para ayudar a subir a la Luisa, el Mike subió corriendo agarrado de la mano de la Neni, ambos se veían bien. La Neni tenía los ojos muy abiertos con expresión de shock. El Mike dijo — No mames, neta, creí que no la íbamos a librar — La voz del Mike estaba temblorosa, se veía bastante cansado, con ojeras, los pies sucios y sangre en varias partes, con todo, no estaba herido.

El Rudo llegó con Diego y varios zombies pisándole los talones, hasta el final, el Dogo y el Mireles seguían siendo el equipo defensor que habían matado muchos zombies, con una horda de muertos vivientes a su alrededor, se defendían ágilmente y luchaban con todas sus fuerzas para evitar que llegaran a nosotros. — ¿Dónde está el Nacho? — pregunté. — ¡A la madre! No sé we — me dijo el Mike. El Rudo subió las escaleras, mientras yo me atravesaba para bajar — ¿A dónde vas cabrón? — me dijo el Diego. —Falta el Nacho we. De pronto, escuchamos unos gritos — ¡Ayúdenme, ayuda, ayuda! — era el Nacho que venía corriendo entre varios zombies, le faltaba un tenis y corría desbalanceado, lo que provocó que tropezara justo a lado del Dogo y el Mireles que seguían matando zombies y avanzando a la escalera. El Diego me dijo — Yo voy por él. Al instante saltó de la escalera para ir a salvarlo. Un zombie se abalanzó sobre el Nacho y justo unos segundos antes de ser mordido en el cuello, Diego atravesó su cabeza con la estacada que portaba — Vámonos huerco, pero en chinga — dijo Diego apremiante, mientras ayudaba al Nacho a levantarse. —Muchas… gracias… we… — dijo el Nacho, todavía con los ojos en shock y la respiración entrecortada.

El Dogo y el Mireles ya habían subido la escalera, el Dogo en cuanto subió gritó — ¡Luisa! ¿Dónde estás?, Luisa salió a abrazarlo — ¡Boni, boni, estaba bien preocupada, boni!

Nada más faltaban Diego y el Nacho de subir, varios zombies venían corriendo a la escalera — Apúrense — les dije desesperadamente. Nacho y Diego subieron casi al mismo tiempo pero, cuando Diego ya estaba casi en la puerta con nosotros, un zombie agarró su pierna, Diego pateo al zombie con su otra pierna, pero llegaron 3 zombies más a jalarlo, el Nacho lo tomó del brazo subirlo rápido y yo también hice lo mismo. Diego de pronto gritó en un alarido de dolor y justo después de grito, la resistencia se acabó y logramos subirlo.

Entramos con él cojeando a la casa y sangraba de su pierna. Cerré la puerta rápido, justo para escuchar los golpeteos de los zombies contra la puerta de metal. El Mike abrió los ojos como platos — ¡No mamen! ¿Lo mordieron? — El Nacho contestó: — Sí, pero no pasa nada, todo bien. El Gera se incorporó de un salto — No mames Munguía, mátalo sácalo a la verga de aquí. El Mireles apunto con su escopeta lanza clavos — Hazte a un lado Nacho. Diego alcanzó a hablar con la voz temblorosa, estaba muy asustado y habló sollozando: — Pinche puñetas, por favor, no me va a pasar nada. El Nacho dijo — No se pongan locos, este morro me salvó, es otro pedo… no terminó de decir la frase porque Diego empezó a vomitar sangre, sus ojos se volvieron más negros, su cuello se torció de una manera macabra y empezó a gritar. El Nacho lo soltó y Diego clavó la mirada en donde yo estaba.

Cayó sobre mí intentando morderme y logré detenerlo con las manos mientras escuchaba varios gritos de mis amigos y amigas. Laura reaccionó rápido y lo jaló tratando de quitármelo de encima, pero Diego-zombie aprovechó y se lanzó gritando y escupiendo sangre sobre ella de un salto. Justo cuando su boca se iba a cerrar en la pierna de Laura, la mano poderosa de Liz Leyva enterró un zapato de tacón en el ojo de Diego que lo hizo retroceder gritando y echando chorros de sangre, en ese momento el Dogo cayó encima de él con su bate, lo golpeó hasta que su cráneo tronó y dejó de moverse.

miércoles, julio 06, 2011

Mexican Frenzy: La torre mayor.


Sigan corriendo — grité. No se veía una salida posible, hasta que el Rudo (que corría con dolor por su pierna) dijo — Ahí adelante está un edificio, es la torre de Ixe, vamos a ver si podemos entrar. Liz corría con sus tacones en la mano, sabiamente había decidido quitárselos para correr. Atrás de mí venía el Mike y la Neni, ambos intactos pero son sus cuchillos ensangrentados, habían aprendido rápidamente a defenderse con estas armas. El dogo se había retrasado un poco, junto con el Mireles, que eran los que estaban deteniendo a los zombies a punta de batazos y disparos de clavos. Hasta adelante del grupo estaba el Gera que iba corriendo precisamente al edificio que había señalado el Rudo.

De repente, el camino para el Gera se cerró un poco y tuvo que esquivar tres zombies que estaban rondando por la calle de Reforma, entre varios carros destruidos, que evidentemente habían chocado horas antes en un intento por escapar de la ciudad. El Nacho pasó corriendo a mi lado, se veía muy serio y callado, concentrado en escapar. Laura estaba a mi lado, cuando un zombie se atravesaba en nuestro camino, entre los dos lo golpeábamos con los bates, los derribábamos y seguíamos corriendo, nos habíamos sincronizado en golpearlos en las piernas para que cayeran, en vez de intentar matarlos.

El Rudo se la estaba pasando mal porque no podía correr mucho. Pero Diego, estaba a su lado, ayudando con un palo de escoba que había roto, formando una especie de estaca, que la usaba para clavarla entre los ojos de los zombies y derribarlos de un solo golpe. El camino al edificio se veía eterno y en Reforma, cada vez nos topábamos con más automóviles, parecía una congestión de tráfico normal en el D.F. solo que no había personas en los autos y había zombies en las calles y banquetas, afortunadamente, tardaban un rato en notar nuestra presencia.

Cuando alcancé el edificio el Gera estaba en la puerta pateándola, estaba cerrada. — No mames, no mames, no mames — decía con desesperación. Liz llegó, mientras los otros corrían hacia nosotros, pero eran seguidos por una jauría de zombies que nos devorarían junto a la puerta. Liz dijo — Vamos a rodear el edificio a buscar salidas de emergencia. Hicimos caso y me quedé me esperé un poco para avisar a los demás, mientras Laura se adelantaba con Liz y el Gera: — ¡Vamos a rodearlo! Está cerrada la puerta, vamos a rodearlo — grité varias veces con fuerza. El Mike movió la cabeza señalando que me había entendido. Un zombie apareció a mi lado gruñendo, golpeé con fuerza su pierna y corrí todo lo que pude, estaba empezando a sentirme cansado.

Di la vuelta al edificio y pude ver a Liz y Laura subiendo por una escalera de metal pequeña que conducía a una puerta naranja que decía salida de emergencia. En este lado del edificio no había zombies, pero podía oír que varios de los que estaban en la calle corrían hacia nosotros, además de que escuchaba a mis compañeros luchar arduamente por sobrevivir. Contuve el aliento cuando vi a Laura forzar la puerta, la pateó con fuerza y… se abrió.

martes, julio 05, 2011

Mexican Frenzy: Emboscada


Salimos todos del Soriana con cautela, ya había varios zombies rondando el lugar pero no nos notaron. Caminamos con mucho sigilo y cuando el Nacho presionó el botón de la alarma para abrir el auto, todos contuvimos el aliento mientras escuchábamos el “beep beep” de la suburban. Al instante varios zombies voltearon su mirada hacia nosotros y corrieron hacia donde estábamos. — En chinga, todos pa’ arriba — gritó Diego. Su comentario no era necesario, ya todos estábamos arriba de la camioneta y el Nacho, haciendo gala de su concentración, la encendió y aceleró alejándonos del lugar.

¿Por dónde me voy? — preguntó el Nacho. —Depende de a donde vayamos muchachos. ¿A dónde quieren ir? — contestó Rodolfo con una sonrisa en su rostro. Su buen humor estaba regresando a pesar de la situación, sin embargo, tenía la mano sobre su pierna apretando su herida, evidentemente le dolía y estaba aguantando. Laura observó: — ¿A qué isla quieren ir?, entonces, el Mike intervino: — Yo creo que podemos ir una de la isla de Revillagigedo o… — ¿Si sabes qué eso está bien lejos no? — Interrumpió Liz. Mike continuó echándole una mirada de desprecio a Liz — …u otra que está más cerca es la isla María Magdalena, que está en Jalisco. El Luis y yo estudiamos esa madre desde hace un chingo, por si un día pasaba algo como lo que está pasando ahorita. Liz volteó los ojos hacia arriba — No creo que sea una buena idea. — ¿Entonces que propones? — le dije. De pronto se escuchó un sonido indicación de que habíamos atropellado algo. Todos pusimos atención y vimos que en la calle había cientos y cientos de zombies corriendo hacia nosotros. El Nacho iba callado, serio y estaba sudando, pero tenía las manos firmes en el volante: — No se preocupen, los vamos a atropellar a todos. — Son un chingo — dijo Diego. —No hay pedo — dijo el Mike — si la armamos bien, síguele dando maniaco.

Cada vez se juntaban más zombies y el carro los atropellaba, pero algunas veces estaban muy cerca. Un zombie alcanzó a golpear el vidrio de la puerta izquierda de atrás con tal fuerza que el vidrio se estrelló, Laura y Luisa gritaron al mismo tiempo — No se ve bien Nacho — dije aceleradamente — salte de Revolución, salte, salte … — empezó a decir Laura con desesperación. El Nacho contestó — Aguanten, no se puede, vamos por en medio, si doy vuelta vamos a perder velocidad.

La suburban saltaba de repente, como cuando pasas topes a gran velocidad, por los zombies estábamos atropellando.

Nos estábamos acercando a Reforma y Nacho dijo: — Aquí voy a dar vuelta en chinga, está bien ancha esa calle. Laura intervino — No la des tan rápido, nos podemos voltear. Todos los demás estábamos callados, observando el camino y viendo a los muertos vivientes. La imagen era hipnótica, seres putrefactos, algunos con un ojo saltado, otros sin mandíbula, otros más arrastrándose porque no tenían piernas, la ciudad en completo silencio, sin ningún otro automóvil a nuestro alrededor, salvo los que estaban estacionados y algún otro en llamas.

¡Fierro! — dijo el Nacho cuando dimos vuelta en Reforma a gran velocidad. Algo salió mal, justo cuando el carro giró atropellamos un zombie o un ser humano muerto que yacía en el piso, lo cual hizo saltar la camioneta de tal forma que se elevó y giró hacía su izquierda volteándose e impactando directamente con el lado del piloto en el pavimento de Reforma, raspó fuertemente haciendo un chillido que fue acompañado de un par de chispas resultado de friccionar el metal y el concreto.

Yo y Laura éramos los más pegados a la ventana derecha, que también se había roto. No obstante, todos estábamos encima el uno del otro, golpeados y un poco aturdidos. Pregunté a Laura — ¿Estás bien?, ella me contestó rápido — Sí, y apretó mi mano. Escuché al Dogo decir — Hay que salir rápido, muévete Mungs. Me apresuré a salir por la ventana y saltar del carro. Salió Laura después, seguida del Dogo que jaló a la Luisa hacia afuera, Luisa se agarraba la mano izquierda con la derecha, todo indicaba se había torcido la mano. Salieron todos los demás aparentemente sin ningún rasguño, excepto que al final salió el Gera, que tenía un chingo de sangre en la boca, todos se hicieron para atrás asustados. Él nos observó y escupió sangre y varios dientes al suelo y dijo — No me pasó nada. El Mike dijo: — No mames, como que no… — No hay tiempo para eso muchachos— dijo el Rudo señalando hacia un grupo de zombies que corría hacia nosotros. Mireles empezó a disparar clavos, el Mike le cortó a un zombie la cabeza con un cuchillo de carnicero cuando éste se le abalanzaba, Laura había logrado derribar uno con el bate y machaba sin piedad su cabeza. Al mismo tiempo, todos estábamos tratando de correr y movernos, golpeando y retrocediendo, esquivando y retrocediendo, la desesperación se estaba apoderando del grupo.

¡Corran, corran! — gritaba el dogo mientras le hundía un bate a un zombie en la cabeza y Luisa gritaba atrás de él. No se veía nada alrededor y nos estaban rodeando.

jueves, junio 30, 2011

Mexican Frenzy: El Soriana


Subimos al carro, el Nacho lo prendió y empezó a conducir a toda velocidad, preguntando histéricamente — ¿A dónde le doy? ¿A dónde? — No sé wey — Le contesté. — Vamos a la casa por provisiones o simplemente salte de la ciudad ya. El carro avanzaba a gran velocidad, toda la ciudad estaba loca, había autos en llamas, personas gritando, gente siendo devoradas por zombies, zombies corriendo por todas partes que ocasionalmente el Nacho atropellaba con la suburban. Dimos varias vueltas y al fin salimos de la Condesa, por el eje 4, después dimos vuelta en Revolución hacia el norte.

Todo estaba calmado, extrañamente no había ningún carro en esta gran avenida. Del otro lado de Revolución estaba un Soriana y el Mireles dijo — Vamos por armas, es una regla básica, no podemos irnos así nomas. El Nacho dijo: — No mames, el chiste es salir de aquí en chinga. Intervine — Creo que estoy de acuerdo con el Mireles. El Mike me secundó — Yo también la neta. Laura dijo — ¿Votación? Casi todos votaron por las armas, excepto Liz y Nacho. La Neni hizo una observación — Tenemos que ir lo más rápido que podamos, pero no se les olvide también tomar alimentos, eso va ser necesario si queremos sobrevivir más tiempo.

Nos estacionamos enfrente del Soriana y nos bajamos con cautela. Necesitábamos, bates, cuchillos, sierras eléctricas (si es que había), hachas, lo que sea que pudiera matar. Obviamente en México no íbamos a encontrar armas de fuego en un supermercado, así que nos tendríamos que conformar con artículos más rudimentarios. Cuando el Rudo bajó, pude notar que cojeaba y le dije — Compa, ¿estás bien, te mordió esa madre? El Rudo dijo —Estoy bien, nada más es un pequeño rasguño. El Mike se quedó serio — No te awites, pero no creo que sea bueno ese pedo, ya valió verga. Luisa intervino — A ver tranquilos, no pasa nada, no sabemos si son zombies, ni nada, sólo se parece a lo que siempre vemos en las películas, pero no se pongan locos, no sabemos nada de esto.

Todos nos quedamos serios y pensando, tenía razón Luisa, hasta cierto punto. No tenía que ser como una película de zombies, pero hasta ahora, todo era exactamente idéntico, por extraño que parezca. El Diego dijo — Recapitulando, sabemos que esas madres te muerden y te haces uno de ellos, como en una película, pero es todo, no sabemos cómo matarlos, ni si el Rudo está infectado, así que calmados — terminó señalando al Rudo. El Rudo gritó: — ¡Estoy bien chingao!, cuando mordieron al chavo de sombrero en el bar, se convirtió en madriza en zombie, yo sigo bien, vamos a buscar las armas.

Entramos al supermercado. Laura agarró un bate de aluminio y dio dos swings diciendo — Yo siempre quise uno de estos para una emergencia, siempre le decía a Luis que teníamos que tener un bat’ en la cajuela. El Mireles andaba viendo un serrucho, el Mike llegó con la Neni con un carrito lleno de cuchillos de todo tipo. Mike dijo — Pues ya tenemos todo maniacos, hilo hilo, vámonos ¡pero ya!… — Laura interrumpió: — No podemos irnos ya, acuérdate lo que dijo tu esposa, necesitamos llevar comida en lata, no sabemos si todavía existe alguna autoridad, no tenemos ningún plan… — Espera — dije —Si tenemos un plan, siempre lo hemos tenido, el Mike sabe del plan, tenemos que irnos a una isla donde no haya llegado la infección. ¿Todos a favor? — Algunos estaban levantando la mano cuando Luisa interrumpió otra vez: — ¿A una isla? Ni siquiera sabemos que está pasando. Liz dijo: — Estoy de acuerdo con tu amiga Luisa, ustedes están traumados por las películas esas que ven, pero tenemos que investigar qué está pasando realmente, además yo quiero ir a ver si mi familia está bien. Diego dijo: — Si es cierto, pinches vatitos traumados, hay que pensar bien las cosas, hay que tratar de comunicarnos con nuestras familias primero que nada. —Si tienes razón, dijo el Dogo, aunque mi celular no tiene señal. Todos volteamos a nuestros teléfonos, el mío tenía señal y dije —El mío si tiene… — ¡Luis, LUIS, LUIS! — se escuchó la voz apremiante de Laura que estaba a punto de ser atacada por un zombie empleado de Soriana. Tenía los ojos obscuros y llenos de sangre, escupía sangre por la boca y se movía como loco. — ¡Ahhhhhhh! — gritó la Luisa y se encogió inconscientemente. El zombie corría como loco hacia Laura me puse en medio e intenté pegarle con el bate, pero mi golpe en la cabeza apenas lo detuvo un instante, sin que pudiera darme cuenta apareció el dogo que empujó al muerto viviente con uno de los carritos donde traíamos cosas, éste cayó al piso y empezó a gruñir, se levantó escupiendo más sangre y escuché la voz del Mireles que decía — Abajo pinche Mungs. Tome a Laura y nos tiramos al piso, seguido alcance a escuchar un sonido como cuando se dispara en “paint-ball”, como gas comprimido, y el zombie cayó muerto al instante con un agujero en la frente.

Todos volteamos a ver al Mireles que tenía una escopeta para lanzar clavos. Sonrió levemente con cara de mamón y dijo — Déjense de CHINGADERAS y vamos a la pinche isla. Ah y ya sabemos que los zombies se mueren como siempre, haciéndoles cagada el cerebro.

Me acerqué y lo abracé: — IVALEE otro pedo cabrón, gracias, también gracias a ti Dogo. Todos empezaron a felicitar a los dos — Bueno bola loco, eso es todo.

Estábamos listos, pero tendríamos que escapar primero de la peor ciudad del mundo para una apocalipsis zombie, la ciudad de México.

miércoles, junio 29, 2011

Mexican Frenzy: ¡escapar ya!



Éramos 12 personas, así que estábamos todos. En la calle todo era caos. Había gente corriendo y gritando por todas partes, no había señales del valet y Laura me gritaba al oído: — ¿Qué hacemos? ¿Voy por las llaves? ¿Vamos a buscar el carro? — Mike dijo: — No, no, no. Ya olvídate de tu carro Laura, ya calaquió esa madre, yo digo que agarremos todas las llaves del valet y le piquemos a las alarmas y el primer carro que veamos, nos lo robamos. El Mireles intervino — Aparte, recomiendo que usemos una camioneta grande. Un zombie pasó corriendo por atrás de nosotros persiguiendo a una señora ya vieja, pero nadie reaccionó, sino que preferimos ir en busca de las llaves a la caseta del valet.

El Mireles, el Mike, el Dogo y yo agarramos llaves lo más rápido que pudimos y entre el caos de gente, comenzamos a presionar los botones de las alarmas, pero no teníamos suerte en encontrar algún carro. Se acercó un desconocido preguntando — ¿Puedo ir con ustedes?, el Gera le contestó: — Nel, no puedes, pero toma unas llaves del valet. El extraño presionó la alarma y el carro que reaccionó estaba justo enfrente de él, se subió antes de que alguien pudiera reaccionar y se fue. El Rudo dijo: —No mames goey. Todos miramos al Gera un momento con odio, pero continuamos buscando carros, ya nada podíamos hacer, además teníamos que apresurarnos, cada vez más gente se transformaba en zombie.

El Nacho, que había permanecido inmóvil, quizá por el shock de ver tanta sangre, tantos muertos vivientes corriendo y tanta gente gritando, se sentó lentamente en el suelo y encontró unas llaves justo a su lado, las tomó, presionó la alarma y una suburban nos respondió, justo cruzando la calle estaba estacionada. — ¡Devolada, vamonos! — gritó el Dogo. Corrimos al carro, cuando de repente un zombie que venía corriendo hacia nosotros tomó a la Neni de los hombros intentando morderla. El Mike jaló al zombie con todas sus fuerzas y logró tumbarlo, pero en el suelo, el zombie agarró al Mike del pie, intentó morderlo y le arrancó un pedazo de su tenis. El dogo, el Rudo y yo, lo pateamos con fuerza varias veces hasta que soltó al Mike, y justo cuando corríamos para subir al carro, el zombie alcanzó a rasguñar al Rudo en la pierna.