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martes, junio 07, 2011

Sonora Autónoma

A diferencia a lo que se dice en los libros de historia, Emiliano Zapata, Pancho Villa y Francisco I. Madero, tuvieron poco que ver con la facción victoriosa en la Revolución Mexicana. En sí, Francisco I. Madero, inspiró el movimiento en el país, Zapata inspiró a los campesinos del sur, y Villa era un buen general, pero ninguno de estos personajes resultó victorioso.

Fuimos los Sonorenses los que ganamos la revolución y fue el general invicto (el único en la historia de México), Álvaro Obregón, el que tomó el poder y restauró el orden y la paz.

Zapata no tenía armas, no tenía ejercito, sólo se movía en el área de Morelos y jamás logró ganar una batalla significativa, además, perdió brutalmente con Obregón en Puebla. Madero se movió lento, tuvo poco olfato político y confió en el ejercito porfirista que terminó traicionándolo y matándolo.

Francisco Villa era indisciplinado y simpático, pero su temperamento lo llevó a perder en la más grandes de todas las batallas que se libró en la Revolución: La batalla de Celaya, donde salió victorioso Obregón.

Fue el Ejército del Noroeste, conformado por pura gente de Sonora, el batallón principal del que se apoyó Carranza para ganar la revolución, y fue este mismo ejército, fiel a Obregón, el que ayudó a Obregón a tomar el poder ante la traición de Carranza.

Pero no sólo ganamos la guerra, inventamos una ideología que persiste. Antes de que en México se pensara en políticas sindicales, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, ensayaban en Sonora lo que en México sería el sistema de control perfecto por más de 70 años. Se negociaban con las empresas, se instituían sindicatos, se repartían tierras (tal cual la reforma agraria de Cárdenas), etc.

Elías Calles y de la Huerta, fueron los arquitectos del México pos-revolucionario. Diseñaron la nueva organización social y política, fundada en principios laicos, institucionales y con mecanismos de legitimación efectivamente probados. Para el México profundamente católico del centro, esto equivalió a una invasión, debido a los cambios tan radicales que se impusieron a punta de pistola para todo el país.

No sólo le restaron mayor poder a la iglesia (lo que desencadenó con la guerra de los cristeros), sino que obligaron a transformar el cultivo tradicional que era el maíz, por el cultivo tradicional de los Sonorenses que era el trigo. También se creó el Partido Nacional Revolucionario, que se convertiría en un instrumento para perpetuar el poder. Se fundó el Banco de México y las Secretarías de Estado más importantes, se creó la CROM y otros sindicatos que serían utilizados después por Cárdenas.

Todo este capítulo de la historia le dolió al México tradicional, fue una etapa que no desean recordar, una etapa del poderío Sonorense conocido como el Maximato. Ellos han hecho todo lo posible por olvidar ese capítulo en el que un pequeño grupo de "norteños-bárbaros" impusieron su voluntad a todo un país. Esa etapa, ahora obscura, en la que el centro perdió todo su poder y se tuvo que inclinar a besarnos los pies, ha sido sepultado en lo más profundo de la historia, y es recordado en los libros de textos como los malos tiempos.

Se reescribió la historia, los ganadores se volvieron villanos y los perdedores se volvieron los héroes. Sin embargo, en el fondo de sus corazones, siempre vivirá ese recuerdo, por el simple hecho de vivir regidos por las instituciones que una vez fueron idea emitidas por nuestro noble pueblo del norte.

Sonora tiene potencial. Sonora es una tierra difícil y quienes sobrevivimos al calor intenso del desierto, los caminos rocosos de la sierra y la permanente guerra con los indios yaquis, estamos listos para cualquier cosa. Sonora es un pueblo de gente creativa, que adapta todo lo que viene de fuera y lo observa bajo su propio lente. Nada es igual que en Sonora, la lluvia es diferente, la comida sabe distinto, la gente habla diferente y el poder lo ejercemos distinto.

Somos solidarios con nuestra gente, no importa bajo qué circunstancias, siempre nos apoyamos y cerramos filas por el honor de nuestro Estado-Nación. Nunca hemos necesitado a México, a pesar de accidentalmente, estar anexados a ese país. Somos tierra hostil con gente de grandes corazones, capaces de construir un país mucho mejor que México. Merecemos darnos la oportunidad.

Una vez pusimos a todo México a temblar, una vez nos declaramos país soberano durante la Revolución, luchemos nuevamente, ahora por nuestra soberanía total y nueva nación, que tome por fin la rienda de nuestro futuro y las del mundo.

jueves, noviembre 19, 2009

Federalismo fiscal

¿Recuerdan las últimas dos elecciones a gobernador de Sonora? ¿Alguna vez escucharon propuestas radicalmente diferentes entre los candidatos del PRI y del PAN? Ahora, ¿diferencias en propuestas entre el PRD y el PRI en Oaxaca? Ninguna. ¿Cuál es la causa? Qué en la actualidad los Estados tiene poco que decir, tienen poco que proponer, porque el presupuesto con el que cuentan, depende casi, enteramente, de la federación.

Nunca escucharemos a los candidatos hablar de impuestos, de gasto público, de protección para cierta industria, de fomento a otra, de ayuda al campo, de mejorar el sistema educativo. Las propuestas suenan poco sustanciosas cuando oímos “promover inversiones” o “promover el empleo”. Porqué en realidad es lo único que los Estados pueden hacer “promover” y cabildear cosas con la federación para obtener recursos.

Suena bastante ilógico. Todo planeado desde el Distrito Federal. Cada peso que se usa para apoyar a los agricultores o para fomentar el crecimiento de la tecnología. ¿Realmente conocen la situación de todo el país? Dudoso. Sin embargo, no es sólo eso. El gobierno federal es el encargado de cobrar el grueso de los impuestos: el IVA y el ISR.

La percepción es que el gobierno de México, cómo centralizado, dejando a la autoridad central el poder de ejercer el gasto y de cobrar los impuestos. Todo es culpa del centralismo y los Estados no pueden hacer nada. Esta visión, está incompleta. Los Estados se rehúsan a tomar el control de sus ingresos y cobrar los impuestos por ellos mismos. El sistema actual es cómodo, sólo se esperan a recibir y cabildear presupuesto federal, sin incurrir en el costo político que conlleva elevar impuestos si es necesario.

La situación es perjudicial. Si los Estados cobraran sus propios impuestos, podrían captar recursos necesarios para desarrollarse por sí mismos. Al mismo tiempo, impuestos regionales permiten mayores captaciones en regiones más ricas y mayor distribución en regiones más pobres. Si el gobierno federal se deslindara de obtener recursos para todo el país, bastaría con cobrar un impuesto base de digamos 5% en IVA. Mientras que cada Estado tendría la facultad de elevar sus impuestos lo que sea adecuado para la realidad socioeconómica de su región.

Por ejemplo, un Estado muy desigual, podría tener impuestos progresivos, uno rico, podría elevar impuestos en medicinas y alimentos, uno muy pobre, elevarla en otros bienes, etc. Un Estado con herencia cultural prehispánica, puede destinar parte del gasto a la preservación de su patrimonio, y no depender del INAH. Un estado predominantemente industrial, podría crear su propia política para fomentar el desarrollo de su industria, vía reducción de impuestos, tanto a sus insumos, como a los productos intermedios.

Finalmente, quienes conocen mejor la situación y tienen propuestas más factibles para mejorar, son los que viven ahí.

Cuando se habla de reforma fiscal, nadie se le ocurre proponer un escenario de verdadero federalismo fiscal, a pesar de ser algo natural de una verdadera república. ¿Será México capaz de dejar de lado el centralismo heredado desde los tiempos coloniales? ¿Serán los Estados conscientes para aceptar el costo político y luchar por obtener sus propios ingresos? Por el bien de todos, espero que sí.