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martes, mayo 13, 2008

Más sobre la muerte (en memoria de un gran señor)

Tenía pensado escribir un post desde ayer, quería retomar discusiones más de procesos y sociedades; entre esto hablar algo sobre economía. Sin embargo hoy murió alguien más, de esas personas realmente importantes en mi vida.

Todos los días muere gente, todos los días se muere algún pariente, y la verdad, no soy bueno para fingir tristeza, simplemente no la siento y no la expreso. Así que la gente va y viene y no necesito extrañar.

Generalmente soy una persona feliz, es fácil ver las cosas buenas de la vida y también las cosas buenas de la muerte. A pesar de eso, este post no es tan libre de la tristeza, como tampoco lo han sido mis otros posts sobre la muerte.

Mi abuelo fue una persona con poco humor, oposición constante al sistema gubernamental, denunciante de problemas ciudadanos, de activa participación en los medios de comunicación y hábil creador de música en base a chiflidos. Nunca fue cariñoso con nadie que yo conozca, pero amaba a mucha gente. Su pasión era el béisbol y las cacuchas (siempre usó cacucha, incluso en algunas ceremonias importantes).

A pesar de tu poca habilidad para comunicar sentimientos bondadosos, recuerdo que alguna vez me llevó a ver el béisbol (naranjeros de Hermosillo) y que le iba al equipo contrario (tomateros de Culiacán), me compró dulces, cacahuates, papitas y fui bien feliz. Siempre daba la contra a todo, pero sabiamente. Callaba si no sabía algo (a diferencia de sus hijos).

También una vez contribuí a alegrar su vida, añadiendo una gorra de Cincinnati a su colección de gorras de béisbol (tardé mucho en conseguirla). Organizaba su vida y anotaba todo lo consideraba importante en una agenda que indudablemente mi madre le daba cada año. Peleaba constantemente con mi abuela, pero la cuidaba y la amaba.

Quizá lo que más cueste trabajo aceptar no es su muerte (la muerte es algo necesario para apreciar lo efímero de la vida), si no que el tenía muchas ganas de vivir: tomando sus medicamentos, haciendo crucigramas para trabajar su mente, acudiendo al médico ante cualquier molestia, escuchando radio, viendo televisión, leyendo libros modernos de política, etc.

Voy a extrañar al viejo. Al final sufrió; espero que sus últimas imágenes lo hayan llevado a su pasado, donde fue un niño feliz, que defendió las mujeres de su casa en la revolución y encontró tesoros escondidos en la sierra alta de Sonora.

En paz descanse.

martes, enero 29, 2008

así nomas...

Me gustaría que tú me mataras cuando llegue el momento. Que todos esos sentimientos que nacen cada segundo que te respiro, terminen por tu mano y no por azares del destino. Me gustaría que tú me mataras lentamente, que mientras me haces sentir el placer agonizante, el dolor se mezclara con él y se perdiera por siempre. Me gustaría sufrir por siempre contigo, sufrir el dolor eterno del amor.

martes, enero 22, 2008

La vaca reptil

Los colonos llegaron al planeta preliminarmente llamado “Taurasi” el martes en la mañana. Para el jueves de esa semana ya habían levantado un campamento. El planeta había sido explorado desde el espacio y no se habían encontrado formas de vida inteligente; por otra parte el análisis bacterial había salido altamente positivo, lo que indicaba que no había ninguna bacteria o virus mortífero.

A pesar de que el área de aterrizaje y el levantamiento de la primera ciudad habían sido planeados con sumo cuidado por los robots terrícolas, la sensación que sentía Lena de estar en un planeta desconocido era la que sentía cualquier niña de 14 años al encontrarse en el umbral de una nueva aventura.

Los padres de Lena eran los geólogos de la expedición, por lo que ella se encontraba generalmente sola en la cabaña de madera tratando de sintonizarse con la red interestelar. Afuera se escuchaba el zumbido de muchos hombres trabajando para construir un nuevo mundo.

El domingo ocurrió el primer incidente. Algo imprevisto y aterrador: de los 24 habitantes del nuevo mundo, sólo quedaban 20, 3 habían desaparecido y 1 había sido encontrado en pedazos junto al nuevo generador de energía atómica. El cuerpo tenía moretones y estaba desgarrado en su mayor parte; un terror colectivo se infiltro en los corazones de los hombres. Los 20 habitantes restantes se alarmaron, pero su alarma fue aún mayor cuando descubrieron que las comunicaciones eran incapaces de trasmitir código alguno. Para desgracia de todos, la nave que los había llevado a Taurasi regresaría en un mes.

La segunda semana sólo quedaban 10 habitantes. Lena había perdido a su papá, y lo que en un principio parecía que sería una gran aventura, se había convertido en una pesadilla de terror. Las muertes y desapariciones penetraban todos sus sentidos y el temor colectivo hacía que cada minuto en ese (ahora horrible) planeta fuera como estar en agonía permanente. Los pocos hombres que quedaban (tres) habían puesto unas barricadas y habían hecho armas primitivas parecidas a lanzas por si eran necesitadas.

Cuando la noche cayó, los 10 indefensos humanos, arrogantes por su tecnología, incapaces de comprender que clase de especie los acosaba allá afuera, permanecían en su mayor parte alertas, era irónico que la humanidad que había inventado la bomba N2, capaz de destruir sistemas solares enteros, ahora sólo contara con una lanza mal hecha.

La madre de Lena estaba dormida, pero Lena no había dejado de observar su entorno con interés y miedo. En ese planeta, la única luna era lejana y color rojizo. El color rojo se intensificó para los ojos de Lena, cuando el suministro de energía cesó. Inexplicablemente, la amenaza que había estado matando lentamente a la colonia, había entendido que podía cortar la luz y atacar mejor en la obscuridad.

Lena buscó a su madre y no la encontró. En el fondo escuchó ruidos, golpes, gritos, suspiros de horror, y un mugido siseante. Lena se movió lo más rápido que pudo, esquivó cuerpos, saltó, corrió, empujó, sudó, lloró, y finalmente encendió el interruptor generador de energía atómica. Sus ojos llenos de lágrimas, dieron paso al asombro y una gran dilatación de sus pupilas: todo el campamento había desaparecido y sólo había algunos rastros de sangre en el suelo.

Pero lo más aterrador fue las criaturas que se acercaban reptando hacia ella. Eran una especie de vacas que en vez de pesuñas tenían manos humanoides y se acercaban lentamente moviéndose como si fueran una especie de lagarto. Tenían unos enormes cuernos y sus ojos eran color amarillo brillante, en su hocico salía una lengua larga y delgada, y las horribles criaturas parecían estar sonriendo al ver a la pequeña Lena atemorizada. Una de las criaturas se paró en dos patas y levantó su mano haciendo una especie de señal, todas las demás vacas reptiles se pararon de igual forma observando detenidamente a la pequeña Lena, que parecía estar a punto de perder el conocimiento por la impresión. Un fuerte mugido siseante, que a Lena le parecía música infernal fue lo último que la pequeña escuchó.

La nave volvió justo un mes después del primer día que llegaron los colonos.

domingo, julio 22, 2007

corre corre corre! una historia difícil de engullir



- bang, bang, bang – piiiukk, piiiukkk, tiiiiu… eran los sonidos que escuchaba Paula Litrell a si izquierda, a su derecha, atrás, de nuevo a su derecha, lejos por la ziquierda. Corría a toda velocidad por un callejón casi obscuro, de ciudad Tralicius. Las paredes de silicón tenían ese sonido peculiar de los proyectiles disparados por las armas de fuego del siglo XXII. Paula estaba herida, su brazo izquierdo era color rojo escarlata, y sus dedos se sentían fríos, pero aún tenía movilidad. Su cabello lacio y negro caía en su cara, cubriendo sus ojos rojizos, y el contraste de su traje hermético anti-láser color negro con su piel blanca le daba un aspecto de espectro.

Saltó de repente sobre un adversario que no había alcanzado a entender que era lo que se dirigía hacia él, un rápido movimiento de su espada roja partió el cuerpo en tres partes: la cabeza, una pierna y el resto. No hubo sangre… al principio, pero cuando las partes se separaron la sangre empezó a correr por el suelo. Más adelante había otros 5 comenzaron a disparar, pero las balas pasaron de largo sin tocar ni un pedazo de carne, su zumbido se perdió en el horizonte y los hombres miraron desconcertados buscando a la mujer fantasma. Paula estaba sobre sus cabezas, había saltado y subido rápidamente apoyándose en las dos paredes del estrecho callejón, saltó sobre ellos: mató a uno clavando su espada en el pecho, al otro con un corte de su daga en la garganta, inmediatamente sacó su pistola corta y dio 4 balazos certeros a quemarropa en los otros 3 individuos (a cada uno), y continuó corriendo a toda velocidad.

Su boca tenía el sabor metálico de la sangre, el viendo zumbaba en sus oídos, estaba cansada, sus pulmones estaban dando su máximo esfuerzo, pero la rabia la consumía, no podía parar hasta que llegara a su destino, de pronto escucho un zumbido que provenía del cielo: - zuuuuuuuuuuuiiiiiimmmm PRUUUUUGGGMMMM. Durante unos segundos no entendía que pasaba, su cuerpo estaba entumido y un zumbido quedaba en su cabeza, sangraba por la nariz y la boca. Sin duda había sido un ataque aéreo. Agudizó sus sentidos y escucho el motor de un helicóptero: Mr. Pinkerton se estaba protegiendo con todo su arsenal. Se puso de pie la sangre goteaba por varias partes de su cuerpo, y empezó a correr nuevamente, avanzó rápido y cautelosamente, se escondió en una esquina y sacó de su espalda, su rifle láser-plasma de largo alcance, apunto al helicóptero que le había disparado. Podía ver a los pilotos alegres, seguros de haber dado en el blanco, dando sólo un repaso a la zona por rutina. – pshhhiumm… el disparo láser-plasma de Paula dio justo en el blanco, la hélice se partió en dos y el helicóptero dio una media vuelta a su izquierda en el aire y se estrello contra la azotea del edificio.

Se recargo jadeante en la pared. Analizó su cuerpo, una costilla rota, quemaduras en el brazo izquierdo, dolor agudo en el abdomen, sangre saliendo de su boca, en resumen, le quedaba poco tiempo. Sin embargo había llegado, frente a ella estaba la fortaleza… guardo su rifle, verificó que aún tenia dos dagas más en sus pantorrillas, toco su sugerente cadera para palpar su pistola corta, sacó la espada de su espalda y avanzó lo más aprisa que podía.

Había encontrado poca resistencia: para ser una mujer herida había hecho un trabajo sobrehumano. Mató a otros 40 hombres y al fin estaba frente a Mr. Pinkerton:
- ¿Porqué Paula? no entiendo porqué me quieres matar.
- Entonces, ¿Porqué tantas precauciones Xim?
- Has matado a más de 100 personas que trabajan para mí.
- Y tú eres el siguiente Xim.
- Sólo quiero saber porque.
Paula no contestó, solo sonrió, sus dientes eran del mismo color de su piel y solo se notaban por el color rojo obscuro de sus labios. Desenvaino su espada roja por toda la sangre que había probado en los últimos 2 días. Xim Pinkerton abrió mucho los ojos y sacó un rayo de plasma pequeño y disparó varias ráfagas contra Paula. Paula se movió con rapidez pero una le dio en la pierna y tropezó… y mientras caía hacia enfrente, con su mirada concentrada en el rayo de plasma, lanzó su espada por los aires y ésta cortó la mano de Xim que sostenía el rayo… la mano cayó interne en el suelo, y el timing entre la explosión de sangre del muñón y el grito desgarrador de este, fue perfecto.

Paula se incorporó cojeando, tomó la espada y la encajó en el estomago de Xim, comenzó a girarla lentamente mientras Xim gritaba y aullaba de dolor:
- ¿Quieres saber porque maldito perro?
- Arggmmm mmm…
- Te pregunte… ¿QUIERES SABER PORQUE MALDITO PERRO?
No hubo respuesta, solo un movimiento de asentimiento…
- Porque es mi placer matar por nada.

Paula saco la espada y el hombre comenzó a desangrarse lentamente, Paula patio su cara contra la pared varias veces, hasta que Mr. Pinkerton dejó de moverse.

Respiró profundamente, se sentía relajada a pesar del fuerte dolor en su espalda, en su pierna adormecida por el láser-plasma, la costilla rota y la sangre que brotaba roja de su sexy boca. Miró su espada llena de sangre y la lamió con cuidado y placer, después, avanzó lentamente por las calles de ciudad Tralucius.
Dibujo: karincoma