lunes, mayo 31, 2004
viernes, mayo 28, 2004
- Sospecho lo peor – Dijo Golan Trevize.
- ¿Porqué? – Contestó Janov Pelorat.
- dios no ha quitado el dedo del renglón, me temo que habrá que matarlo mi querido amigo – terminó Trevize.
- Pero mi querido Golan, usted sabe que eso es imposible.
- No con la Star Far, lo haremos en unos minutos, pero es una misión arriesgada podemos ser destruidos.
Pelorat contuvo el aliento. Se podía ver el miedo en sus ojos como en muchas otras ocasiones.
Trevize continuó: - le pido que confié en mi como lo ha hecho en otras veces, sé que es muy arriesgado pero lo intentaré y le pido perdón de una vez por si mi intento es fallido y terminamos carbonizados.
- Golan, siempre he confiado en usted, iré a ver a Bliss.
- Si vaya y hágale el amor muchas veces sin dudarlo…
miércoles, mayo 26, 2004
sábado, mayo 22, 2004
Finalmente he decidido volver a las andadas, ya que nadie me lee y es costumbre mía hablar conmigo mismo, aunque parezca loco, de hecho es muy probable que lo este, pues no me queda de otra que seguirme a mi mismo el jueguito.
Y la semana pasada fui a ver Troya, la película esa nueva que esta basada en la iliada y la verdad que si esta buena, me dejo emocionado, sale uno creyéndose Aquiles de la película.
La verdad es que fuera mejor vivir en esa época, a pesar la barbarie y sus defectos, la vida era más honorable. (No es que me importe el honor, nunca he tenido).
Nos vemos mañana…
lunes, marzo 29, 2004
domingo, marzo 28, 2004
Esta página no ha
muerto, es solo que, le he dado prioridad a otras cosas. La cuestión es que
seguimos aquí, tratando de descifrar que es lo que pasa.
Hace
tiempo, cuando todavía no existía Roma, ni tampoco las pirámides de Egipto,
existió un camino de piedra, donde había pasto, moho y bichos. Por ahí, pasaba
un jovencito de unos 20 años todos los días. En sus manos llevaba un arpa
dorada. Siempre pasaba por ese camino y se detenía justo en la mitad, puesto que
ahí se encontraba una roca en la que se sentaba y empezaba a tocar el arpa. El
sol salía de entre las nubes y le dedicaba una sonrisa a nuestro personaje.
Después de varios años apareció el desencanto y, se dio cuenta de que la roca no
era tan buena como creía; era áspera e incomodaba bastante si se pasaba más de
10 minutos sobre ella. Así, nuestro joven amigo, poco a poco dejo de tocar cada
vez que pasaba, hasta que finalmente, ignoró a la roca del camino. Sin embargo,
siempre adoró a su arpa.
FIN